Pintura gótica

Inicial de la letra B para un manuscrito sobre Bernardo de Claraval.

La pintura mural, a diferencia de lo que ocurría en el Románico, tuvo un menor desarrollo durante el periodo Gótico, ya que se vio condicionada por el nuevo rumbo que había tomado la arquitectura, cuyos edificios religiosos, iglesias y catedrales, veían cómo sus muros eran ocupados ahora por grandes y largas vidrieras. A partir de ese momento, fue precisamente la pintura de vidrieras, junto con la de tabla y miniaturas, la que produjo los mejores ejemplos del arte del pincel durante esta etapa. Igual importancia tuvo el desarrollo del retablo, en los que se dio una fusión entre pintura y escultura, produciendo ricos conjuntos iconográficos.

Los temas que se representaron fueron eminentemente religiosos, y tanto los elementos como el espacio en el que estaban inmersos eran llevados a cabo de forma simbólica, desvinculándose de cualquier referencia con la realidad. Las figuras humanas eran planas y, más que pertenecer, flotaban en un espacio, a su vez, irreal y simbólico.

El siglo XIV trajo consigo el estilo internacional, que se desarrolló en un entorno donde las clases altas y nobles de la sociedad ponían de manifiesto su gusto por las obras de arte y los objetos de lujo. Junto a esto hay que mencionar la excelente producción de miniaturas que ilustraban los libros, como las Cantigas de Alfonso X el Sabio, realizadas con gran naturalismo y sentido del detalle. Otros interesantes ejemplos fueron Las muy ricas horas del duque de Berry y el Libro de las Horas, cuyos autores fueron los Hermanos Limbourg.

La pintura de vidrieras estuvo estrechamente ligada la luz, que cobró enorme importancia en el periodo Gótico y en especial en la arquitectura. A través de las vidrieras la luz penetraba para dar color y apariencia de irrealidad y gran simbolismo al espacio de los templos.

En las vidrieras se representaban temas del Antiguo y Nuevo Testamento. La técnica empleada para la pintura en este soporte se basaba en el coloreado de pedazos de vidrio de forma independiente, a los que se les añadía grisalla para realzar su brillo. Estos luego eran ensamblados con tiras de plomo que hacían también las funciones de separación entre colores, delimitando, a su vez, a las figuras y temas que componían los conjuntos. El lenguaje empleado mostraba una composición con ausencia total de perspectiva; sin embargo, existía un enorme cuidado en el dibujo, que se realizaba con gran precisión, y un rico uso de la paleta cromática. Entre los mejores ejemplos conservados de pintura sobre vidrieras se encuentran, en Francia, las de las capillas del coro de la iglesia de Saint Denis, las de la catedral de Chartres y las espectaculares de la Sainte Chapelle. En España destacan, por encima de todas, las de la catedral de León, caracterizadas por el estatismo y a la vez grandiosidad de sus figuras.

Pintura gótica en Italia

El desarrollo de la pintura italiana a partir del siglo XIII estuvo muy marcado por la pervivencia del mosaico, todavía utilizado para decorar debido a la influencia bizantina. El lenguaje suelto y fresco heredado del arte helenístico con el que se ejecutaban los mosaicos cayó en la rigidez y el estatismo durante el Románico, y hubo que esperar a la llegada de Giotto y los demás componentes de la escuela florentina para que las formas comenzaran a liberarse y transformarse, y así ir creando el camino para la revolución artística que traería consigo el Renacimiento.

La transformación en el estilo pictórico comenzó a darse a través de pintores como Pietro de Cavallini y Cimabue, quien sería el maestro de Giotto. Fue este último quien realmente supo dar el paso definitivo para romper con la tradición y sentar las bases de la pintura moderna. Giotto creó una nueva concepción espacial basado en la realidad, donde se comenzaban a resaltar los volúmenes de los cuerpos y, en general, se producía una aproximación al naturalismo y un dinamismo en las escenas sin precedente hasta el momento. En sus obras se atisbaba ya la perspectiva que protagonizaría las del periodo renacentista.

El estilo de Giotto pronto tuvo una corte de seguidores y continuadores, a raíz de lo cual nació la denominada escuela florentina. Su importancia se debió también a la hora de dar una nueva valoración al papel del artista, el cual, a partir de ahora, empezaría a desligarse de su dimensión artesanal y anónima para ir acercándose al “yo creador”, erudito y científico, que culminaría en el Renacimiento. Las obras más importantes de este artista se produjeron, sobre todo, en forma de frescos, encontrándose los de la capilla Scrovegni, en Padua, y los de la Vida de San Francisco de la iglesia alta de San Francisco de Asís entre los mejores ejemplos. Pero también realizó interesantes obras sobre tabla, como la del Políptico Baroncelli.

No obstante, el nuevo estilo puesto en práctica por la escuela florentina no tuvo influencia en toda Italia. En Siena surgió una escuela ligada de forma plena al Gótico internacional, cuya pintura se caracteriza por la estilización y elegancia de las figuras. Quien mejor ejemplificó esta tendencia fue Duccio di Buoninsegna. Sus mejores y más famosas obras son la tabla de la Madonna de Rucellai (1285) y la Maestá de la catedral de Siena (1311); en esta última llama la atención el peso que todavía tenía la tradición bizantina en la pintura italiana.

El estilo creado por la escuela de Siena se siguió difundiendo por Europa a lo largo del siglo XIV gracias a la figura de Simone Martini, que, a través de revitalizar el color, supo dar un nuevo empuje de calidad al estilo internacional. De Martini destacan obras como el Retrato de Guidoriccio da Fogliano, un fresco de 1328 o las Escenas de la vida de San Martín. Quienes exportaron a Siena el estilo de Giotto fueron los hermanos Lorenzetti, que realizaron los frescos de la Alegoría del Buen Gobierno para el palacio público de Siena.

Pintura gótica en España

A pesar de las novedades en forma de soporte y técnica que trajo el Gótico, el estilo Románico se mantuvo presente hasta finales del siglo XIII, y hasta mediados del siglo XIV la pintura sobre muro permaneció activa. Prueba de esto son las pinturas para la capilla de San Martín de Salamanca de Antón Sánchez de Segovia, cuyo estilo gótico, caracterizado por el uso de fondos planos y cuidado por el dibujo, tuvo una gran repercusión por todo el país.

La pintura gótica en Cataluña, por su contacto con el Mediterráneo, recibió las influencias de las escuelas de Florencia y Siena a lo largo del siglo XIV. Mientras pintores como Ferrer de Bassa seguían la estela de Giotto, otros como Jaume y Pere Serra difundieron por Aragón el estilo internacional de la escuela sienesa.

A Castilla la influencia italiana llegó más tarde, introducida por el artista galo Nicolás Francés, cuyas obras eran ejecutadas a través de un estilo muy miniaturista.

En el siglo XV la pintura asimiló las influencias flamencas, que fueron introducidas por Jan van Eyck, el cual pasó un tiempo en España. Ejemplo de ello son obras como la Virgen dels Concellers del pintor catalán Lluís Dalmau o las de Jorge Inglés o Fernando Gallego en Castilla. En Cataluña también siguió muy presente todavía la influencia italiana.

Esquema de la Pintura gótica

El arte gótico se desarrolla desde el siglo XIII hasta el XVI. Se inicia en Italia y se extiende a otros países europeos, como España y Holanda.

Los temas góticos fueron principalmente religiosos. Los mejores ejemplos del arte gótico se encuentran en la pintura de vidrieras. En España destacan las de la catedral de León, caracterizadas por el estatismo y grandiosidad de sus figuras.