Pintura renacentista

El matrimonio Arnolfini, de Jan van Eyck.

La pintura considerada renacentista fue la que se desarrolló en Italia y el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. Para estudiar mejor esta materia, conviene diferenciar, por un lado, lo acontecido primero en Italia, país pionero del nuevo lenguaje, y, por otro, en el resto de países europeos.

Pintura renacentista en Italia

El quattrocento italiano

Quattrocento (cuatrocientos) es el nombre italiano para referirse al arte desarrollado en Italia durante el siglo XV. Durante este periodo, la pintura experimentó una gran transformación en el sistema de representación, rompiendo con las formas heredadas del Gótico y creando un nuevo lenguaje que marcaría el devenir de la pintura occidental y el arte en general a lo largo de los próximos siglos.

Las características del nuevo lenguaje en lo que a pintura se refiere pueden resumirse en dos: la búsqueda de la representación fiel de la naturaleza y el desarrollo del espacio tridimensional y la perspectiva. Tal y como mencionaba Leone Battista Alberti en su tratado De pictura, los cuadros debían ser como una ventana abierta a la naturaleza, donde el plano pictórico se configuraría a través de la pirámide visual. Con la perspectiva se lograría la tridimensionalidad y la continuidad espacial, generando una visión única y precisa. Por otra parte, este nuevo lenguaje artístico tuvo su “génesis plástico”, en parte, en los relieves escultóricos de las puertas del baptisterio de Florencia, realizados por Lorenzo Ghiberti, ya que fue en ellos donde se empezaron a esbozar las características y problemas desarrollados posteriormente en la pintura.

Desde el punto de vista técnico, Italia empleó la pintura mural al temple, mientras que el óleo apareció en la segunda mitad del siglo y por influencia de los pintores flamencos.

Históricamente, la pintura quattrocentista se puede dividir en tres generaciones de pintores. La primera iría desde principios del siglo hasta 1430, e incluiría pintores como Masolino da Panicale y Masaccio, que intentarían crear un lenguaje nuevo alejado de elementos tradicionales, y Fra Angelico, que representó una corriente más conservadora en la que al estilo tardo-gótico fue incluyendo los nuevos elementos de representación.

La segunda generación estaría formada por artistas que trabajaron desde 1430 y a lo largo de toda la segunda mitad del siglo. Pintores como Paolo Ucello, Andrea del Castagno, Piero de la Francesca y Fra Filippo Lippi, unieron a la representación del espacio mediante la perspectiva caballera y cónica, el estudio de la luz. Las figuras, por su parte, fueron representadas con todavía mayor naturalismo y realismo que la etapa anterior. De corte más moderada fue Piero Dicosvo, que empleó la perspectiva y otros elementos sin tener como referencia la antigüedad clásica. A esta segunda generación perteneció también Andrea Mantegna, que trabajó en Mantua, Padua y Venecia; fue él quien sintetizó las experiencias florentinas, mientras que supuso un nexo o puente con los pintores de la siguiente generación.

La tercera generación se caracterizó por la recuperación de la mitología clásica para la representación de los temas. En este momento, Florencia se convirtió en el nuevo epicentro del arte, y en el lugar donde se transmitieron las nuevas pautas estilísticas, técnicas y referentes al nuevo sistema de representación figurativa. Los más importantes pintores de esta tercera generación en esta ciudad fueron Andrea del Verrocchio, Pollaiolo, Domenico Ghirlandaio, Benozzo Gozzoli y Sandro Botticelli. Petenecientes a otros centros artísticos destacaron, en Umbría, Pietro Perugino, Pinturicchio y Luca Signorelli; en Mantua, Andrea Mantegna y Cosme Tura; y en Venecia, Giovanni Bellini y Antonello de Messina.

El cinquecento italiano

El cinquecento (quinientos)es el término italiano empleadopara designar el estilo artístico desarrollado en Italia durante el siglo XVI. Este periodo contenía, a su vez, dos movimientos que podían ser estudiados de forma independiente: el Clasicismo o Renacimiento Clásico y el Manierismo.

Hacia el final del siglo XV, tras una época de investigación y búsqueda aparecieron unos artistas que comenzaron a cuestionarse el nuevo lenguaje, lo que originó una crisis en la pintura. Esta se vio superada gracias uno de los mayores genios artísticos, Leonardo da Vinci, quien planteó una nueva forma de representación. A diferencia del siglo anterior, en el que las referencias se encontraban en la antigüedad clásica, para Leonardo era la Naturaleza la que debía servir de base empírica para la representación. Para ello, unió y produjo un equilibrio entre arte y ciencia, haciendo del arte el camino por el cual las investigaciones científicas y teóricas se hacían prácticas. Leonardo revolucionó la percepción visual al percatarse de la existencia de la atmósfera, lo que dio un nuevo enfoque al tratamiento de la luz, que redefiniría las formas y los contornos. A través de la proporción, que definió de forma matemática, sistematizó la diversidad de la naturaleza, mientras que la simetría y la armonía de las partes constituirían los rasgos fundamentales para conseguir la belleza ideal, la cual debía convertirse en el objetivo principal del arte.

Al igual que el quattrocento, el cinquecento estuvo, a su vez, dividido en tres periodos diferentes. El Renacimiento Clásico, que iba de 1500 a la muerte de Rafael Sanzio en 1520; el Manierismo, desarrollado entre 1520 y 1560, que supuso una reacción en contra del clasicismo anterior; y un tercer periodo que fue desde 1560, fecha del Concilio de Trento, hasta el final de siglo, caracterizada por un resurgimiento de lo clásico, diferente, eso sí, del primer periodo.

Durante el Renacimiento Clásico no fue Florencia sino Roma el nuevo epicentro artístico. Pero mientras que el arte florentino era la expresión de una determinada clase social, el arte romano respondió a las aspiraciones y el poder que la Iglesia quería imponer.

Además de Roma, también otros centros artísticos italianos contribuyeron a forjar el nuevo lenguaje. En Milán a través de las obras de Leonardo; en Florencia con el trabajo de los geniales Miguel Ángel y Rafael; y en Venecia con Giovanni Bellini, Giorgione y Tiziano, a pesar de que sus obras no guardan relación estilística con los otros dos focos y tampoco, a diferencia de los otros artistas, se trasladaron a Roma para trabajar.

En Roma, a principios del siglo XVI, Julio II fue nombrado Papa. A partir de entonces, la voluntad del Potífice fue hacer de esta ciudad la capital y símbolo máximo de la fe católica. Para ello, puso sus esfuerzos en reclutar a los mejores artistas de Italia, entre los que se encontraron Rafael, Miguel Ángel y el arquitecto Bramante. Miguel Ángel, como pintor, fue el encargado de realizar los espectaculares frescos de la capilla Sixtina, mientras que Rafael se ocupó de pintar los frescos de las Estancias del Vaticano.

El caso de Venecia es independiente del de otros centros, ya que siguió una corriente autónoma. En Giovanni Bellini, Giorgione y el Tiziano de juventud esta ciudad encontró los mejores exponentes del nuevo lenguaje pictórico. Esta independencia se prolongó hasta los años 60 del siglo XV, al tiempo que, a causa de la relaciones comerciales, la ciudad incorporó a su arte cierta influencias provenientes de oriente.

Coincidiendo con la muerte de Rafael, el clasicismo se extinguió, al ser imposible la existencia ya de un movimiento sometido a una rigidez dogmática de difícil continuidad. Como reacción, surgió el movimiento denominado Manierismo.

El término hacía referencia, de forma peyorativa, al excesivo amaneramiento y gusto por el capricho que cobraron las formas como reacción al clasicismo anterior. No obstante, al igual que había sucedido anteriormente, este movimiento tuvo numerosas escuelas y seguidores por toda Italia. En Venecia, a un Tiziano maduro de enorme colorismo se le unieron las figuras de Jacopo Tintoretto y Paolo Veronese; en la Emilia, pintores encaminados de forma clara hacia el nuevo lenguaje fueron Correggio y su discípulo, Parmiggianino; en Florencia y la Toscana importantísimas fueron las figuras de Andrea del Sarto, Pontormo y Rosso Fiorentino.

Conforme se aproximaba el final del siglo, sin perder la referencia del manierismo, se dio una dialéctica entre regla y capricho, y abstracción y fantasía, previas a la revolución barroca que estaba a punto de producirse debido, en parte, a los nuevos dogmas establecidos por el Concilio de Trento. Entre los centros que practicaron este “Manierismo tardío” estuvieron Roma, destacando las figuras de Tadeo Zuccari, Il Cavalier de Alpino, Federico Barocci y Scipione Pulzone; Génova, donde, partiendo de cierta influencia rafaelesca, destacaron C.B Castello y Luca Cambiaso; Bolonia, con un primer Annibal Carracci que posteriormente sería uno de los pintores que sentaron las bases del Barroco; y por último Florencia, con la figura antimiguelangelesca de Santi di Tito y el continuador del colorismo de Andrea del Sarto, Bernardo Poccetti.

La pintura renacentista en el resto de Europa

Pintura renacentista flamenca

Al igual que los italianos, los pintores flamencos reaccionaron frente a la tradición medieval tomando como punto de partida la realidad y un naturalismo caracterizado por la tridimensionalidad, el estudio de la luz y la minuciosidad en la representación. Esta actitud, unida a la intención de desarrollar nuevos géneros como el retrato, fueron sintomáticos del reflejo de nuevos valores renacentistas en la burguesía flamenca, tal y como sucedió en Italia.

No obstante, existen claras diferencias entre ambas escuelas. Para empezar, los pintores flamencos no se valieron de los modelos de la antigüedad para superar el estilo gótico internacional; por otro lado, mientras que los italianos adaptaban la naturaleza a un espacio que el hombre podía dominar, para los flamencos el hombre se debía poner en correspondencia con el universo, de forma que cada elemento de la naturaleza expresara su realidad de forma completa y sin jerarquías de valor.

Jan van Eyck, tras la muerte de su hermano Hubert en 1426, se puede considerar como el pionero de la escuela flamenca de pintura, un hecho que se inició a comienzos del siglo XV. Él fue quien aportó gran naturalidad en los retratos y trabajó con gran sentido espacial los interiores y paisajes. A Van Eyck le siguieron el Maestro de Flémalle y Rogier Van der Weyden; con este último se concretaron los rasgos y particularidades de la escuela flamenca, destacándose como creador de nuevas composiciones.

El estilo de Dierick Bouts se caracterizó por la relevancia concedida a la luz, así como por el alargamiento de las figuras, mientras que la pintura de Petrus Christus adquiría una tendencia hacia la abstracción formal.

En el ultimo tercio del siglo XV y principios del XVI sobresalieron importantes maestros que siguieron la estela de Van der Weyden. Entre ellos estaban Hans Memling yGérard David, continuadores de las formas y composiciones anteriores, y Hugo Van der Goes, Gerardo de San Juan y El Bosco, que desarrollaron un nuevo estilo más original y personal.

Durante el siglo XVI destacaron las figuras de Pieter Brueguel, Quentin Metsys, Joachim Patinir, Jean Brueghel, y Antonio Moro.

Pintura renacentista alemana

La falta de legado clásico ocasionó que la pintura alemana, a diferencia de la italiana, se viera en absoluto atraída por la antigüedad. A la belleza ideal, equilibrada y armónica de los italianos se opuso el dinamismo, la expresividad y la emoción religiosa, esta última marcada por el espíritu de la Reforma protestante. El estilo alemán se caracterizó por la minuciosidad en el detalle y el gusto por la representación de lo monstruoso, vista como metáfora de la representación de la naturaleza oculta del hombre. Frente a la visión científica de la naturaleza que ofrece la cultura italiana, se contraponía una visión irracional y emocional del mundo.

Los artistas que desarrollaron el Renacimiento alemán comenzaron a destacar a partir de 1500, momento en que la pintura alemana sufrió su mayor transformación. Los más destacados fueron Alberto Durero, Hans Holbein el Joven, Mathias Grünewald, Lucas Cranach y Albercht Altdorfer. De entre todos ellos, sólo Durero estuvo en Italia, lo cual arroja menos dudas acerca del menor peso que tuvo la escuela italiana sobre la del norte de Europa.

Pintura renacentista francesa

El Renacimiento francés fue en gran parte dependiente del apoyo de la monarquía. A lo largo del reinado de Francisco I las artes tuvieron su mayor apogeo, pues el rey estuvo obsesionado por transformar la cultura francesa. Él fue quien impulsó el nacimiento de la denominada Escuela de Fontainebleau, al hacer del castillo homónimo el centro de su colección y el lugar desde donde dio apoyo a su corte de artistas.

A esta escuela pertenecieron pintores como François Clouet, Jean Clouet, Jean Cousin, Primaticcio y Nicoló dell’Abate, cuyo estilo se caracterizó por la sensualidad, fluidez, ornamentación y capricho típicos del lenguaje manierista.

Pintura renacentista inglesa

Al igual que en Francia, el arte en Inglaterra estuvo ligado a la influencia de la Corona. La temática renacentista en la corte de Enrique VIII inglesa giró siempre en torno a la política y la cultura, por voluntad propagandística del rey. Como mecenas, Enrique VIII se rodeó en su corte sobre todo de retratistas, que reclutaba de otros países, como es el caso del flamenco Hans Holbein.

Aunque Isabel I no se mostró interesada por el arte, y sólo compró retratos oficiales, en los círculos cortesanos, la pintura desarrolló un gran refinamiento y un interés por la heráldica a lo largo del siglo XVI. A este interés se unió el nacimiento de un género muy característico en la Inglaterra de este momento, la miniatura llamada “isabelina”, que tuvo en Nicolás Hilliard su mejor representante. Se trataba de pequeños retratos de gran finura de cabeza y hombros donde destacaban sobre todo los atuendos y adornos del retratado, como golillas, joyas y vestidos de colores brillantes. Su delicadeza y cuidado requirieron para su elaboración los servicios de un orfebre, que colaboraría con el miniaturista. Por último, el interés de los cortesanos también por al pintura encontró en el italiano Federico Zuccari unos de sus pintores más apreciados.

Pintura renacentista española

En España, también los reyes fueron grandes impulsores del arte y en especial de la pintura, la cual, como es el caso de Carlos V y Felipe II, utilizaron como medio de afirmación y prestigio. Fue a partir del siglo XVI cuando, valiéndose de pintores como El Bosco y Tiziano, en España se comenzaron a formar las grandes colecciones reales.

Por su contacto con Italia, Valencia fue pionera en poner en práctica el estilo renacentista de influencia leonardesca. A esta corriente pertenecieron Rodrigo de Osona “el Viejo”, el Maestro del Caballero de Montesa, , Fernando Yáñez de la Almedina, Hernando de los Llanos y los italianos Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio. Hacia finales del siglo XVI se produjo una tendencia hacia el clasicismo por influencia, en este caso, de Rafael, con pintores como Vicente Masip y su hijo Juan de Juanes.

Sevilla pasó por muchas fases estilísticas durante todo el siglo XVI. Por un lado, Alejo Fernández mezclaba el estilo del quattrocento italiano con la pintura flamenca; por otro, hacia 1540 Juan de Campaña y el sevillano formado en Italia Luis de Vargas pusieron en práctica un manierismo de corte romano. Más independiente, el extremeño Luis de Morales creó su propio lenguaje conjugando elementos romanos, flamencos y lombardos.

En Castilla, el quattrocento italiano fue introducido por Pedro de Berruguete, cuyas obras, debido a su formación, mostraron también tintes flamencos. En Toledo, Juan de Borgoña aportó un estilo renacentista sereno y puro típicamente italiano, seguramente debido a su estancia en el país transalpino. Un caso aparte en Toledo fue El Greco, genial y extraordinario pintor cuyo personalísimo estilo supo unir a las diversas corrientes del Manierismo italiano.

Ligados a la Corte española y a los reyes fueron Antonio Moro, Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz, representantes de un género, el retrato, clave en la historia de la pintura española. Para la decoración de El Escorial, Felipe II se valió de numerosos pintores italianos, como Federico Zuccari, Pellegrino Tribaldi y Luca Cambiaso, y del español Juan Fernández de Navarrete “el Mudo”, cuyo estilo estuvo más ligado al de los grandes genios venecianos.

Esquema de la Pintura renacentista

La pintura renacentista se origina en Italia y se desarrolla en Europa durante los siglos XV y XVI. Sus principales características son la representación fiel de la naturaleza y el desarrollo del espacio tridimensional y la perspectiva.

Los italianos Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Rafael, Tiziano, Tintoretto, Veronese y Bellini; el alemán Alberto Durero y el español El Greco son los pintores más importantes de este periodo.