Conocimiento apriorístico

    El concepto de conocimiento apriorístico tiene su origen en la obra de los primeros pensadores griegos, quienes ya distinguieron entre lo que es cercano al sujeto o se halla en él y lo que procede de la experiencia. Sin embargo, fueron, sobre todo, las obras de los modernos en general y la de Immanuel Kant, en particular, las que dieron al concepto una significación más rica y precisa.

    Para el autor de la Crítica de la razón pura, el conocimiento apriorístico (también conocido como “a priori”) es aquél que no depende de la experiencia, sino que se halla en las estructuras mismas del pensamiento; mientras que lo a posteriori es lo que se recibe a través de los sentidos.

    Por ejemplo: cuando se obtiene la imagen mental de un árbol, su color, altura u olor son datos que proceden de la experiencia, son elementos a posteriori que llegan a la mente del observador después de la intervención de una serie de estructuras que regulan su mente. Sin embargo, el hecho de que el árbol se halle en un lugar y en un tiempo concretos, el espacio y el tiempo en tanto que tales son atributos a priori, que no se hallan en el árbol mismo, sino en la mente del espectador. En consecuencia, las estructuras de la mente, lo apriorístico, es siempre anterior a los estímulos del mundo, que se obtienen a través de los sentidos, que son a posteriori.

    Por otro lado, es posible distinguir entre dos formas de apriorismo: en primer lugar se encuentra el apriorismo que se refiere a las cosas que se hallan en el mundo de la experiencia; en un segundo lugar se encuentra el que está formado sólo por elementos estructurales de la mente.

    Además, el apriorismo constituye la condición de posibilidad de cualquier forma de conocimiento, de tal modo que no se puede conocer si no es a través de unas estructuras universales mentales, que categorizan los datos que proceden de los sentidos y los estructuran alrededor de unos elementos básicos. En este sentido, lo apriorístico funciona como la forma que debe tener cualquier juicio o verdad, mientras que lo a posteriori constituye el material del que se nutre el conocimiento.