Causa primera

    Aristóteles fue el primer pensador que tematizó de forma compleja el tema de la causa. Para el filósofo de Estagira, intentar conocer algo es pretender acceder a su porqué, a las causas que lo hacen ser como es, y, en este sentido, es posible hablar de diversos porqués o diversas causas. Aristóteles distingue cuatro causas elementales: la causa formal, la material, la motora y la final.

    Además, Aristóteles pensó que, de la misma manera que es posible hablar de diversas causas, también se debe poder hallar una causa primera, una causa que explique el porqué de una cosa, el porqué de su sustancia, y no de sus accidentes. Así, la causa material puede dar cuenta de la materia de la que algo está hecho; y la motora de la fuerza que origina el movimiento de ese algo; sin embargo, esto no son sino accidentes, y lo que interesa saber ante todo es por qué algo es como es, a qué responde su sustancia. La respuesta a esta cuestión se halla en la causa primera, que es aquella que atiende a por qué algo actúa como actúa, o, lo que es lo mismo, que explica qué es una cosa determinada.

    Por otro lado, la causa primera también supone el principio de inteligibilidad de lo real. Si algo se puede conocer es porque se puede acceder a su causa primera. Una vez se conoce ésta, también se conoce el objeto que depende de ella. En este sentido, tal y como mantuvieron muchos pensadores cristianos medievales, la causa primera se identifica con Dios, con el creador, puesto que es él el que origina todo lo que existe y es él el que da razón de ser de la existencia, hallando en sí todas las esencias, la explicación a todas las sustancias.

    Leibniz, por ejemplo, quien retrató en muchas ocasiones la mente de su propio dios filosófico, mantuvo que, antes de que exista algo, Dios ya posee en su mente la esencia de todas las existencias posibles.

    También se puede hablar de una causa primera no religiosa, desvinculada de lo sagrado, como sucede con el motor inmóvil aristotélico, que mueve todo lo existente y hace inteligible el mundo gracias a la forma, a la inteligencia que emana de su perfección.