Religión

Creencia en la existencia de alguna clase de realidad superior que garantiza la salvación del hombre a través de la práctica de una serie de rituales. Esta salvación encuentra en la irracionalidad su razón de ser. No se trata tanto de buscar causas racionales o pistas sensatas que hagan intuir una realidad superior, como la entrega de la propia vida a un fenómeno sobrenatural que, en consecuencia, está más allá de las aptitudes ordinarias del hombre, como pueden ser la razón, el entendimiento o la inteligencia.

El origen del concepto de religión es dudoso, aunque la teoría más plausible apunta que el término procede de la palabra latina relegere, que según Cicerón hacía referencia a aquellos creyentes piadosos que leían una y otra vez los textos sagrados y las oraciones. Según otras opiniones (por ejemplo, san Agustín), religión procede de religare, “obligarse”, “atarse”, haciendo así referencia a la unión y dependencia entre los creyentes y los preceptos religiosos y, por extensión, con la divinidad.

La relación entre el individuo o la comunidad con el ámbito de salvación propio de las religiones suele estar estrechamente relacionado con la fe en la existencia de alguna clase de dios. Sin embargo, esto no siempre es así, y es posible encontrar religiones ateas, como es el caso del budismo. Por contra, también se pueden hallar a lo largo de la historia de la humanidad ejemplos en los que se cree en la existencia de un dios pero se niega la religiosidad del mundo. Los pensadores epicúreos, por ejemplo, pensaban que existía un dios, pero consideraban que éste era completamente ajeno a los asuntos humanos, y que, por lo tanto, carecía de sentido intentar establecer una relación con él, una religión debida a ese dios.

Desde un punto de vista general, se puede hablar de dos tipos elementales de religión: la religión natural y la religión positiva. La primera hace referencia a la creencia individual y personal en la existencia de la salvación gracias a una realidad sobrenatural, mientras que la segunda está referida a todas aquellas prácticas rituales individuales o comunitarias que dan lugar a las instituciones religiosas. Lo habitual en las religiones complejas es que ambas tipologías confluyan.

Sentido y finalidad de la religión

Sin embargo, una de las mejores maneras de delimitar el alcance del concepto de religión es atender a sus sentidos y funciones específicas, entre las que se pueden distinguir las siguientes.

La liberación del mundo

Una forma de entender el sentido de la religión es atendiendo a todas aquellas religiones que comprenden que su función primordial es la de liberar al hombre de su existencia y del mundo, que son concebidos como formas radicales del mal. Para el budismo, por ejemplo, el ser humano vive una condena en vida, que consiste en estar atado a las apariencias que resultan del pensamiento y las pasiones, y que se traduce en un sufrimiento infinito. En este contexto, la función de la religión es la de acabar con los deseos, anular al propio sujeto a través del uso de una serie de técnicas de meditación que conducen al nirvana, estado que se asimila a la desaparición de la conciencia y de la individualidad.

Sin embargo, las prácticas budistas no se limitan a buscar la felicidad en un mundo trascendental, sino que buscan un estado místico en vida, una vía existencial gracias a la cual el mundo es redimido. De esta manera, el misticismo, tanto para el budismo como para otras muchas religiones, supone la salvación del mundo, y llena de esperanza la existencia. En este sentido, junto al budismo cabe destacar el pensamiento de algunos filósofos que consideraron la posibilidad de escapar del mundo mediante el misticismo. Arthur Schopenhauer, por ejemplo, que unió los esfuerzos del idealismo y el platonismo típicamente occidentales al pensamiento hindú, buscó en el cultivo de la filosofía el progresivo desapego del mundo, que, una vez es contemplado estéticamente a partir de las ideas, desaparece como ilusión y se presenta cruel, como voluntad que devora a los individuos obligándolos a sufrir.

La garantía de la moral

Otra forma de entender el sentido de la religión la ofrecen aquellos pensadores que entienden que su función es la de preservar el valor absoluto de las normas que rigen la vida en sociedad. Platón, por ejemplo, decía que en la religión se pueden hallar no sólo las normas morales elementales, sino también la seguridad de que aquellos que no quieran aceptar la ley serán castigados. En la modernidad, el pensamiento crítico de Immanuel Kant presentó el fenómeno religioso de una manera similar, y admitió que aquellos que no son capaces de regirse por las realidades que se desprenden de su propio intelecto pueden hallar en la religión la manera inversa de llegar a ellos. Primero, dice el pensador alemán, se inculcan las obligaciones morales, y luego, cuando se alcanza la madurez intelectual y racional, se interiorizan las leyes desde una perspectiva racional.

La religión y la verdad

Sin embargo, la forma más usual de entender la religión desde un punto de vista filosófico consiste en buscar en ella una forma especial de expresar la verdad. Es decir, se admite que en realidad el objeto de la filosofía y la religión es el mismo: hallar la verdad, aunque desde unos presupuestos y unas metodologías diferentes. Friedrich Nietzsche, por ejemplo, siempre identificó la metafísica con la religión, y llegó a hablar de los pensadores y de los ascetas como de sacerdotes de la verdad.

El autor que mejor expresó las similitudes entre el pensamiento y religión fue, sin embargo, Hegel. Para el filósofo idealista, la filosofía y la religión comparten objetivos; pero se diferencian de manera radical en lo que se refiere a su manera de tratar la verdad. La religión, continúa Hegel, intenta expresar lo cierto a través de sentimientos, imágenes y representaciones, mientras que la filosofía lo hace mediante el uso de conceptos. En consecuencia, para el pensador alemán, el pensamiento se halla por encima de la fe, puesto que consigue dar con una forma más precisa y certera de tratar la verdad en absoluto.

Naturalmente también hay autores que entienden que es la filosofía la que se halla por debajo de la religión y tiene como función esclarecer las verdades de fe. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, aunque reservaba para el pensamiento cierta independencia metódica, en último término consideraba que los límites que establecía la religión en el orden del saber eran absolutos.

Utilidad social de la religión

Por último, se puede indagar en el sentido del concepto de religión atendiendo a aquellas religiones y a aquellos pensadores que han entendido que su función elemental es de orden social. La mayor parte de los sociólogos modernos, cuando se han acercado a las sociedades primitivas, han entendido que éstas han basado sus primeras formas de organización en la religión. Un claro ejemplo de esto es la sociedad y la religión de la India. Cuando los arios y los primeros autores vedas llegaron al territorio hindú, aún no existía una organización social precisa. Poco a poco, gracias a la transmisión del saber de los Vedas, la nación se llenó de castas, ritos y preceptos que se basaban en la religión hinduista, de tal manera que el sacerdote ocupaba el rango superior. Aun hoy día es posible encontrar divisiones y organizaciones sociales hindúes que hacen referencia directa al origen de la religión practicada en la India.

El origen de la religión

Se han dado diversas explicaciones del origen de la religión, aunque generalmente se suelen resumir en aquellas que explican el fenómeno desde el ámbito divino, humano y político.

El origen divino

Entre los muchos estudios que se han dedicado al fenómeno de la religión, uno de los más destacables es sin duda Lo sagrado y lo profano, de Mircea Eliade. Entre las muchas caracterizaciones relevantes que se hacen del fenómeno, destaca la distinción de dos planos: el sagrado y el profano, que se superponen, que entran en relación gracias a la religión positiva. El origen divino de la religión señala en este sentido que el origen del fenómeno religioso se halla en el contacto establecido entre lo divino y lo profano. Lo sagrado es así insertado en el mundo gracias a alguna clase de presencia o manifestación. Así, prácticamente todas las grandes religiones se basan en la existencia de estos contactos. La tradición literaria cristiana está llena de pasajes en los que Dios habla a diversos personajes, como Moisés, que recibe los mandamientos, o María, que recibe al Espíritu Santo.

Según la mayor parte de los pensadores, como Hegel o Schelling, con el origen divino de la religión se pretende dar un carácter eterno, universal e infalible a las verdades que constituyen una religión. En el caso de que una doctrina dependiese de factores humanos o circunstanciales, enseguida se podría argüir que tal o cual persona podía equivocarse puesto que era humana; pero al relegar a Dios mismo la verdad de una doctrina, ésta se muestra infalible.

El origen humano

Desde esta otra perspectiva, el hombre crea las religiones por necesidades tanto de orden teórico como de orden práctico. Según Thomas Hobbes, el ser humano no puede soportar vivir en la incertidumbre, necesita conocer, y esta necesidad cognoscitiva no se debe sólo a un interés puramente intelectual, puesto que del saber se deriva una mejor situación en el mundo. Así, el individuo imagina causas fantásticas para explicar aquellas cosas que no sabe comprender, se consuela situando la religión allí donde la ciencia no alcanza. En este sentido, Feuerbach señaló que de la proyección de su finitud en la infinitud el hombre derivó los dioses y la religión. Esta postura conlleva una consideración práctica de la realidad: el hombre siente su existencia como desamparo y se refugia en la religión; sabe que va a morir, es consciente de su caducidad, y trama mundos y realidades imaginarias con el fin de no sufrir. Sigmund Freud, por ejemplo, describió la religión como el resultado del sentimiento oceánico, de la necesidad de contar con un gran padre en el que desaparecer para no sufrir la soledad de la existencia. Este padre no sólo cuidaría al hombre de su soledad y de su desamparo, sino que además le dictaría cómo actuar y le impondría castigos.

En este mismo sentido, el gran novelista ruso Fiodor Dostoievski encontró en la culpa y en el castigo la necesidad de un dios. El hombre, según cuenta el novelista en Los hermanos Karamazov, no puede concebir un actuar completamente libre porque es una carga demasiado pesada para su existencia. Así, necesita que la religión le diga qué es lo correcto, prefiere ser castigado por Dios a vivir en un mundo sin culpa en el que todo es leve e insignificante. Desde una perspectiva similar, Rudolf Otto señaló que el miedo se halla presente en el origen de todas las religiones, y que éstas basan gran parte de su identidad en lo tremebundo, en un fenómeno absoluto que se opone a la futilidad de la existencia salvándola, dándole un sentido sagrado.

El origen político

Por último, para algunos pensadores, la religión halla su origen en la política. Conscientes del miedo que la existencia despierta en los hombres, los políticos emplean imágenes y figuras sagradas con el fin de mantener al pueblo apaciguado y dócil. A pesar de que esta idea encuentra su origen en tiempos muy remotos, su celebridad y, sobre todo, su vigencia se debe a la obra de Karl Marx. El pensador señaló que "la religión es el opio del pueblo", con lo que quería indicar que servía para mantenerlo dominado mientras los capitalistas les robaban el fruto de su trabajo. La concepción marxista de la religión parte de una comprensión materialista del mundo, según la cual las ideas abstractas son mentiras, ideologías en su sentido peyorativo, que alejan al hombre de la inmediatez de lo real para sumergirlo en falsos problemas. En este sentido, la religión es un órgano de poder, y no existe otra realidad que la material, cuya esencia viene determinada por las relaciones económicas y de poder.

En conclusión, todas estas perspectivas no son sino acercamientos a un fenómeno complejo que no se agota en ninguna caracterización. Es un hecho que el hombre siempre ha vivido a medio camino entre la finitud de su existencia y la infinitud de sus dioses. Parece inevitable que se imaginen o se vivan realidades trascendentes, estén habitadas por dioses o se identifiquen con el mundo. Tal vez por ello, a partir del siglo XIX se empezaron a desarrollar obras sociológicas y antropológicas que se acercan al fenómeno religioso desde un punto de vista positivo y descriptivo, dejando a un lado las caracterizaciones generales o metafísicas y acentuando las particularidades de cada religión. En este sentido, gracias a la obra de pensadores como Mircea Eliade o Rudolf Otto, cabe hablar de la religión como una realidad que está sustentada por la creencia en la existencia de la salvación, que viene garantizada por el contacto entre el mundo profano u ordinario y el mundo sagrado o trascendental. Por otro lado, estos contactos están registrados usualmente en unas escrituras, y se celebran y conmemoran cíclicamente a través de unos ritos, dando lugar a la religión positiva e institucional.