América en el Periodo Formativo

    El Periodo Formativo se define por ser la época en la que se sientan las bases de las grandes civilizaciones amerindias. Durante esta época, también llamada Periodo Preclásico, la agricultura se convierte en la principal base económica de las poblaciones, que comienzan a concentrarse en poblados y aldeas. Se trata de un proceso similar al que ocurre durante el Neolítico de Europa y Oriente Medio, con el surgimiento de asentamientos compactos, la cerámica, el textil, el perfeccionamiento del trabajo de la piedra y el modelado de figurillas femeninas en arcilla.

    Estos rasgos no aparecen propiamente durante el Formativo, sino que habían surgido en el periodo anterior, el Arcaico. Sin embargo, va a ser durante el Formativo cuando se generalicen y perfeccionen, permitiendo una auténtica revolución cultural de la que surgen y se van asentando una serie de elementos y patrones culturales que tendrán su clímax en el periodo siguiente, el Clásico.

    Estas novedades no aparecen de golpe, sino que son el fruto de una larga evolución cultural durante la cual los grupos humanos van a perfeccionar sus técnicas de obtención de alimentos, van a aprender a fabricar herramientas más eficaces, a organizarse en grupos de mayor tamaño, a levantar poblados y a elaborar sistemas de creencias más complejos. Poco a poco, la caza, la principal fuente de alimentos durante el Paleolítico, va a pasar a ser una actividad secundaria, en beneficio de la agricultura. Esto será posible gracias a que las poblaciones aprenden a domesticar plantas y animales, lo que dará como resultado que, por primera vez en la historia de la humanidad, los hombres tengan comida suficiente para crecer y asentarse en un lugar fijo, creando los primeros poblados. Al aumentar la población se establecerán nuevas formas de organización social, con el surgimiento de clases dirigentes y de personal especializado en la realización de tareas determinadas (gobernantes, sacerdotes, guerreros, artesanos, campesinos, etc.). Además, al producirse más alimentos se hace necesario almacenarlos y transportarlos, lo que produce el surgimiento de la cerámica. Finalmente, la evolución cultural de estos grupos, cada vez más numerosos, y su concentración en las zonas más fértiles hará que surjan los primeros Estados.

    Los inicios de la producción de alimentos

    Hacia el 8000-7500 a.C., el clima de la Tierra comienza a experimentar un calentamiento gradual. Los grandes bloques de hielo que se habían formado durante las glaciaciones comienzan a derretirse, subiendo el nivel del mar y desapareciendo el puente de tierra que unía Asia y América. Al mismo tiempo descienden las precipitaciones, lo que produce un cambio en la vegetación. Las grandes praderas poco a poco se van convirtiendo en bosques de hoja caduca, y los grandes animales herbívoros, ante la falta de pastos, han de concentrarse en áreas cada vez más pequeñas. Finalmente, la falta de alimentos acaba por extinguirlos; hasta 200 especies de animales, entre ellos el mamut o el mastodonte, desaparecerán de América para siempre.

    Con las primeras poblaciones estables surgió la sociedad estructurada, en la que los diversos grupos humanos se dedicaban a tareas especializadas. Los sacerdotes se encargaron de mediar entre los dioses y los hombres. En la imagen, atlantes de la ciudad de Tula, deidades muy veneradas entre los primitivos pueblos del valle de México.

    Este gran cambio climático dio lugar a una nueva etapa, conocida por los especialistas como Periodo Arcaico, que abarca a grandes rasgos entre el 7500 y el 2500 a.C. Durante este periodo, las poblaciones, ante la extinción de los grandes animales, comenzaron a basar su dieta en otras actividades, como la recolección de frutos. La recolección no sustituye a la caza, sino que es una actividad complementaria: en primavera-verano se cosecha, lo que obliga a quedarse en una zona determinada, mientras que en otoño-invierno los grupos abandonan sus campamentos para seguir a los animales que les servirán de alimento.

    Los campamentos se componen de un máximo de entre 15 y 25 individuos, y son habitados por un periodo variable, desde un solo día hasta una estación completa. La variedad de alimentos –frutos, pequeños animales– obliga a que las herramientas sean cada vez más eficaces y especializadas. Así, las grandes puntas propias del Paleolítico, como las de Clovis, Folsom o Plano, se hacen más pequeñas, aptas para cazar animales de reducido tamaño que, por tanto, se mueven con mayor velocidad, lo que requiere más precisión por parte del cazador. Es en ese momento cuando surge el lanzadardos o atlatl, un palo de forma alargada con una ranura en la que se coloca el dardo cuyo uso pervivirá durante milenios entre las poblaciones amerindias. También se emplean otras armas y técnicas, como las boleadoras o las trampas.

    Al ser la recolección una actividad principal, las poblaciones desarrollan nuevos elementos que intentan responder a sus nuevas necesidades, como cestas para guardar los frutos y transportarlos, manos y piedras de moler para machacarlos, etc. Finalmente, al depender de la recolección, las comunidades se ven obligadas a cooperar, pues la recogida de los frutos debe realizarse antes de que éstos se pudran. Algunos grupos, los que habitan en zonas con abundantes alimentos, son más numerosos, y surge en ellos un principio de organización política, con líderes que organizan las tareas, territorios definidos y protegidos frente a la invasión de gentes extrañas e intercambio de productos con otras comunidades.

    Este proceso, que es general en toda América, tiene sin embargo grados de evolución diversos según los distintos paisajes. Uno de los desarrollos más estudiados es la llamada Tradición Cultural del Desierto, que se extiende desde California hasta Panamá. De forma paralela a este proceso, en las zonas costeras y lacustres surge un tipo de adaptación particular, basado en la explotación intensiva de recursos acuáticos como los peces y los moluscos. En algunos lugares, esta actividad fue tan fructífera que llegaron a surgir poblados sedentarios e incluso centros ceremoniales, como ocurrió en la costa central andina. Los ejemplos más importantes de esta actividad están en la costa este de los Estados Unidos, Palo Hueco y la fase Chanchuto de Tlacuachero (México), los concheros de la costa del Ecuador, la cultura Paijanense (Perú), el yacimiento de Quereo (Chile) y los sambaquís o concheros de Brasil.

    La domesticación de plantas y animales

    El paso de la caza a la recolección como elemento principal de la dieta dura aproximadamente unos 6.000 años, y en él poco a poco los grupos humanos van experimentando con plantas y animales, aprendiendo cuál es su ciclo vital y de qué forma son más aprovechables. Este proceso resulta de suma importancia para las sociedades americanas, por cuanto en él dan comienzo una serie de experimentaciones que finalizarán con la domesticación de plantas y animales y, finalmente, con el desarrollo de la agricultura. La domesticación de animales, no obstante, tendrá una importancia mucho menor que la de las plantas, puesto que eran pocos los que podían ser domesticados y de no muy gran tamaño, salvo algunos como la llama de los Andes.

    La variedad de paisajes y ecosistemas que resultó del cambio climático produjo a su vez una rica diversidad cultural. Los focos donde la experimentación hacia la agricultura tuvo un mayor desarrollo fueron dos:

    • Mesoamérica. El maíz, el frijol y la calabaza se convirtieron en las plantas más importantes. Se ha constatado que el maíz, la principal planta de América, pudo ser ya usado desde el 7500 a.C. La calabaza se conoce desde el 8000 a.C., mientras que el cultivo del frijol pudo comenzarse entre el 8700 y el 6700 a.C. Además de estos tres alimentos, completaban la dieta pimientos, aguacates, nopal, maguey, amaranto, etc. Los animales domesticados fueron el perro, el pavo y el pato.

    • Área andina. La principal planta de esta área fue la papa o patata, cuyo cultivo se inició en la sierra peruana hacia el 3500 a.C. También se comenzaron a cultivar la quinoa, la cañihua y una variedad de calabaza distinta de la mesoamericana. En los Andes orientales, las poblaciones experimentaron con la batata y el cacahuate. Los animales domesticados tuvieron en esta área más importancia que en Mesoamérica, surgiendo una auténtica ganadería alrededor de la llama y siendo muy aprovechado el cuy.

    Los grupos humanos primitivos con mayor capacidad de conseguir alimentos fueron los primeros en crear asentamientos urbanos y en dotarse de una organización social. La fotografía muestra la pirámide de los Nichos de la ciudad prehistórica mesoamericana de El Tajín.

    Un tercer foco, aunque menor en importancia en comparación con los dos anteriores, se dio en la cuenca del Orinoco-Amazonas. Aquí, a partir del 2500 a.C., las poblaciones experimentaron con batata, cacahuate y las dos variedades de mandioca, amarga y dulce.

    La domesticación, primero de los animales y más tarde de las plantas, supuso el asentamiento definitivo de las sociedades prehistóricas americanas. La llama fue un animal muy empleado en el área andina, mientras que la calabaza, en sus distintas variedades, se cultivó en todo el continente.

    La domesticación, primero de los animales y más tarde de las plantas, supuso el asentamiento definitivo de las sociedades prehistóricas americanas. La llama fue un animal muy empleado en el área andina, mientras que la calabaza, en sus distintas variedades, se cultivó en todo el continente.

    El Periodo Formativo

    Como antes se ha comentado, se define el Periodo Formativo o Preclásico como la etapa de la historia de los pueblos amerindios en que la agricultura se convierte en la base económica y en la principal fuente de alimentos, al mismo tiempo que se generaliza la vida en poblados sedentarios. Además, surgen en esta época elementos culturales de primer orden, como la cerámica, el tejido en telar o el trabajo de la piedra, ya sea por pulimento o por presión.

    Controladas las plantas en el periodo anterior, durante el Formativo las poblaciones mejoran las especies cultivadas, y el superior rendimiento conlleva mayores necesidades de almacenamiento y conservación. Todo ello, unido a la necesidad de cultivar terrenos, acaba imponiendo la vida en aldeas o poblados, que cada vez adquieren mayor tamaño.

    Entre otras innovaciones, el trabajo de las piedras fue uno de los grandes descubrimientos del Periodo Formativo. Ejemplo de ello es la divinidad solar de la imagen, procedente de un yacimiento mesoamericano.

    En un primer momento que los especialistas definen como Formativo Temprano, estas aldeas serán de pequeño tamaño, habitando en ellas grupos apenas organizados, caracterizados por una sociedad igualitaria. Poco a poco, sin embargo, al tiempo que los sistemas de cultivo se van haciendo más intensivos y obteniendo mayores rendimientos, los poblados crecen en tamaño. Paralelamente, los grupos humanos se van haciendo cada vez más complejos: surgen sociedades estratificadas, en las que hay diferencias de riqueza, jerarquía y poder entre los individuos. Al final de este proceso acabarán por aparecer los primeros Estados, es decir, grandes organizaciones de tipo político que abarcan extensos territorios y numerosos poblados urbanos, y en las que ciertos grupos ejercen el poder y reciben tributo del resto de la población y de otros núcleos más alejados.

    Todo este proceso abarca un periodo de tiempo indefinido, que varía según las distintas áreas de América. En Mesoamérica, se lo ha encuadrado cronológicamente, a grandes rasgos, entre el 2500 a.C. y los comienzos de nuestra era. Cuando finalice el Formativo o Preclásico, asistiremos a la etapa llamada Clásica, en la que las culturas mesoamericanas van a tener su máximo grado de desarrollo.

    En el área andina, los especialistas enmarcan el Formativo entre el 1200 a.C. y el 100 d.C. Tras esta etapa, asistimos a una fase que los especialistas han denominado Horizonte Medio (100-900), equivalente al Clásico mesoamericano.

    En ambos casos se considera el Formativo como el periodo en el que surgen los grandes elementos culturales que tendrán su mayor expansión en la etapa posterior, el periodo Clásico u Horizonte Medio, según los casos. Sin embargo, debe advertirse que, en cuestión de fechas, son muchas las teorías y cronologías elaboradas por los estudiosos del tema, pues la domesticación de plantas y animales es un proceso muy largo en el tiempo y varía enormemente de un lugar de otro.

    Mesoamérica

    El Periodo Formativo en Mesoamérica se define por un cambio fundamental en la economía, que pasa en este periodo a estar basada en tres productos fundamentales: el maíz, el frijol y la calabaza. La dieta la complementan lo que los grupos humanos pueden obtener mediante la caza, la pesca y la recolección, según las regiones.

    La división en grandes periodos de tiempo de las tres fases del Formativo en Mesoamérica no debe tomarse en un sentido absoluto, pues el paso de un periodo a otro se realiza mediante una lenta transición. Además, mientras algunas regiones evolucionan más lentamente, otras lo hacen con mayor rapidez.

    El desarrollo cultural que supone el Periodo Formativo no se experimenta por igual en todas las regiones de Mesoamérica. Pese a que se pueden apreciar características de este periodo en regiones como las tierras bajas mayas, Oaxaca o el occidente mexicano, las áreas en las que el Formativo alcanza una mayor importancia son dos: el valle de México y la costa del golfo de México.

    El Formativo en el valle de México

    El valle de México, una gran cuenca de origen volcánico en la que se asientan varios lagos, es ya en esta época un lugar muy favorable para el establecimiento de las poblaciones, gracias a sus privilegiadas condiciones ecológicas. Durante el Formativo Temprano comienzan a surgir en la región un buen número de aldeas, localizadas en las orillas de los ríos y los lagos. En ellas habitan no más de 200 pobladores, que viven en casas construidas con madera, cañas, tule y barro. Se trata, al principio del periodo, de sociedades igualitarias o tribales. Los instrumentos que utilizan son mazos y bolas para golpear, machacadores, morteros, metates, etc.

    A mediados del Formativo, hacia el 1250 a.C., comienzan a surgir las primeras sociedades jerarquizadas y los primeros núcleos ya con carácter urbano o semiurbano, como Tlapacoya o Tlatilco. También en este periodo empieza a surgir lo que sería el elemento más distintivo del Formativo en el valle de México: las figurillas. Los núcleos aldeanos, cada vez de mayor tamaño, comienzan a intercambiar productos entre sí; entre éstos se hallan unas figurillas de arcilla que representan tipos humanos, como danzarines, mujeres desnudas, músicos o sacerdotes.

    Máscara funeraria correspondiente al Periodo Formativo Tardío.

    Tabla 1. Las tres fases en las que los especialistas han dividido el Periodo Formativo mesoamericano.

    Los enterramientos de este periodo dan idea de que se trata de sociedades cada vez más complejas: algunos individuos debieron tener gran poder en sus manos, pues junto a ellos se enterraron objetos de lujo, símbolo de su estatus superior. También sabemos que la religión tuvo una gran importancia, como lo refleja la construcción más destacada del periodo: la pirámide de Cuicuilco. El esfuerzo humano necesario para levantar este edificio refleja que se trataba de una sociedad muy jerarquizada, con una clase dirigente con poder suficiente para ordenar y organizar los trabajos de elaboración de la obra.

    La civilización olmeca fue la pionera de las grandes culturas precolombinas americanas. La estatua de basalto y la cabeza colosal que se muestran en las imágenes se cuentan entre sus restos más importantes.

    La civilización olmeca fue la pionera de las grandes culturas precolombinas americanas. La estatua de basalto y la cabeza colosal que se muestran en las imágenes se cuentan entre sus restos más importantes.

    La costa del golfo de México

    Entre el 1200 y el 400 a.C. se desarrolla en esta región una de las principales civilizaciones de toda la América antigua: la olmeca, que ha sido considerada por muchos estudiosos como la auténtica «cultura madre» de Mesoamérica, por cuanto en este periodo surgen muchas de las mayores realizaciones culturales del área, como el calendario, los grandes centros ceremoniales o las estatuas colosales.

    Los olmecas ocuparon una región de unos 18.000 km2 al sur del estado mexicano de Veracruz y al oeste de Tabasco. Conocedores de una tecnología agrícola más desarrollada, pudieron lograr mayores cantidades de alimentos y dar de comer a un número creciente de población. Esta población se concentró en grandes centros ceremoniales, núcleos urbanos que tenían también una función religiosa y política, pues en ella se concentraban los palacios y los templos.

    Aunque fue la última manifestación cultural en surgir, la cerámica andina llegó a alcanzar una extraordinaria perfección, como demuestra la figura antropomorfa de la imagen.

    En estos asentamientos vivió una sociedad cada vez más estratificada, con un grupo dominante encargado de las tareas políticas y religiosas, que gobernaba sobre una mayoría de individuos dedicados a la producción de alimentos. Además, existía un grupo de artesanos –ceramistas, tejedores, lapidarios, etc.– ocupado en fabricar objetos de arte suntuario. Dichos objetos, así como otros exóticos que se obtenían mediante el comercio, eran poseídos por el grupo dominante, que los exhibía como símbolo de su poder.

    Los principales lugares de la cultura olmeca son San Lorenzo, Tenochtitlan, La Venta, Laguna de los Cerros y Tres Zapotes. La construcción de centros ceremoniales tan impresionantes pone de manifiesto el grado de poder alcanzado por las élites olmecas, que tuvieron que organizar una descomunal fuerza de trabajo, formada por miles de personas.

    Del arte olmeca, lo más destacable son, sin duda, la escultura y el relieve. Las piezas más famosas son las cabezas colosales, que pueden pesar hasta diez toneladas. También son notables los llamados «altares» de piedra, que pudieron haber funcionado como tronos. Existen además representaciones de guerreros armados y figuras de significado ritual o religioso. Algunos de los motivos representados, como la llamada «boca olmeca» de grandes colmillos de jaguar, fueron luego tomados por otras culturas mesoamericanas posteriores.

    El área andina

    De forma similar a como ocurre en Mesoamérica, los grandes cambios que se producirán durante el Formativo no surgen de golpe, sino que son el resultado de un largo proceso en el que los conocimientos se van acumulando y expandiendo de un lugar a otro.

    Los Andes centrales fueron la primera zona del área andina donde la población comenzó a vivir en poblados estables. También fue aquí donde empezaron los experimentos con algunas especies vegetales, como la calabaza, el algodón, el ají, etc. En la costa, a esta explotación de los recursos agrícolas se unió lo obtenido gracias a la pesca y la caza. Además, la domesticación de la fauna supuso una mejora de la dieta. A estos conocimientos deben sumarse el de ciertos principios de astronomía y el de los ciclos estacionales, gracias al cual los hombres pudieron cultivar la tierra. Es en este periodo cuando se desarrolla el cultivo del algodón y, con él, comienzan a elaborarse tejidos.

    Poco a poco, las sociedades fueron evolucionando de tal forma que, entre el 2500 y el 1800 a.C., la vida sedentaria era el patrón habitual entre las culturas que habitaban en la costa y los valles interiores. El paso de la vida nómada a la sedentaria implicó además el desarrollo de la arquitectura. Sin embargo, la cerámica aún tardó algo en llegar, puesto que su aparición no se dio hasta entre el 1500 y el 1200 a.C. Todo este conjunto de adelantos no hubiera sido posible si, al mismo tiempo, los hombres no se hubiesen organizado en comunidad, dando lugar a la división del trabajo y la aparición de clases sociales.

    Todos estos elementos –agricultura, vida sedentaria, organización social compleja, cerámica– se desarrollan e implantan plenamente a lo largo del Periodo Formativo, que abarca, muy a grandes rasgos, entre el 1200 a.C. y el 100 d.C. En el área andina, pese a existir muchas culturas encuadradas dentro del Periodo Formativo, como Machalilla, Chorrera, Salinar, etc., las más importantes serán Chavín y Paracas.

    La cultura Chavín

    Chavín de Huántar es un centro ceremonial enclavado en el corazón de la sierra peruana, junto al río Mosna, en un cruce de caminos entre el Pacífico y la Amazonia. Allí se dio la primera gran cultura del área andina central, que se desarrolló entre el 1200/ 1000 a.C. y el 300/200 a.C. Los vestigios que nos han quedado de esta gran cultura hablan de un importantísimo centro ceremonial: plataformas con patios hundidos, terrazas, plazas y un templo. Chavín fue levantado en la ladera de una loma, con gruesos muros y techumbres de piedra y una estructura irregular, a la manera de un laberinto. Casi en el centro de su edificio principal fue colocado un monolito de piedra de más de cuatro metros de altura, conocido como El Lanzón.

    Algunos dioses de Chavín tenían un aspecto terrible, remarcado por sus poderosos dientes y por sus cabellos en forma de serpientes. La fotografía muestra una máscara de oro donde son apreciables estos rasgos.

    La sociedad chavín se organizaba según un modelo jerárquico: a la cabeza estaba la clase sacerdotal, que dominaba sobre los artesanos y los campesinos, quienes se dedicaban al cultivo de las tierras. Entre otras cosechas, se obtenía maíz, papas y ají.

    La religión debió ocupar un lugar principal dentro de esta sociedad, en la que llegó a implicar todos los aspectos de la vida cotidiana. La sociedad chavín organizó un panteón de diferentes dioses, divididos por categorías. Algunos dioses fueron representados con un aspecto feroz, con garras, colmillos o cabellos de serpientes, como el dios que aparece representado en El Lanzón. Otra divinidad, la que se nos muestra en la Estela Raimondi, es una mezcla de felino y dragón.

    Tabla 2. Principales manifestaciones del Periodo Formativo en América.

    La escultura fue la parcela más llamativa del arte de esta cultura. Utilizando la piedra, en alto y bajo relieve, realizaron esculturas con las que adornaron sus templos. Sus obras más representativas fueron las estelas, los obeliscos y las llamadas cabezas clavas, cabezas esculpidas integradas en los muros como si salieran de ellos.

    Chavín se mantuvo durante cerca de un milenio como el principal centro ceremonial de los Andes centrales. Sin embargo, sin que estén muy claras las causas, hacia el 500 a.C. comenzó un lento declinar, cuando las regiones sometidas fueron abandonando su autoridad. Al mismo tiempo, la huella del arte de Chavín aparece en nuevas civilizaciones, entre las que pronto destacará la Paracas, en la costa central del Pacífico sur peruano.

    Paracas se convirtió en el centro de mayor desarrollo textil del Perú preincaico. En la imagen, un tejido de esta cultura, de característica brillantez en su ornamentación y colorido.

    La cultura Paracas

    La cultura Paracas (700 a.C.-200 d.C.) fue descubierta por el arqueólogo peruano Julio Tello. Los antiguos habitantes de Paracas ocuparon una gran extensión de terreno y fueron capaces de desarrollar una gran cultura, cuyas principales características son:

    La fabricación de tejidos bordados. La gran cantidad de tejidos encontrados en los enterramientos pone de manifiesto que Paracas ocupó el primer lugar como centro de desarrollo textil del Perú antiguo. Los tejidos de Paracas, elaborados en lana y algodón, tuvieron un estilo propio, realizados en una técnica avanzada y con decoraciones coloristas muy complejas de carácter religioso.

    La momificación funeraria. Las gentes de la cultura Paracas enterraban a sus muertos envueltos en fardos, que han sido encontrados por los arqueólogos en muy buen estado de conservación gracias a la sequedad del terreno y a la avanzada técnica de momificación. Junto a las momias, se enterraron ricos ajuares funerarios.

    La práctica de la deformación craneal y la trepanación. La deformación del cráneo, una práctica habitual en diferentes culturas, se hacía para diferenciar unos individuos de otros: era un símbolo de distinción. La trepanación consistía en una operación quirúrgica realizada en el cráneo del enfermo, lo que implicaba poseer unos grandes conocimientos médicos y un manejo preciso del instrumental.