Exploraciones y conquistas

    El proceso de exploración, conquista y colonización de América se realizó a lo largo de los siglos XVI y XVII. Ello significó la puesta en marcha de un proyecto político, económico, cultural y religioso que, si bien se basaba en una amplia experiencia previa, resultaba, por sus dimensiones, inédito.

    Aunque durante el siglo XVI España y Portugal fueron las únicas potencias que tuvieron dominios americanos, a partir del último tercio de dicha centuria Inglaterra, Holanda y Francia buscarían obtener también posesiones coloniales. Estos países intentaron apoderarse de los principales enclaves defensivos de la costa atlántica, pero fracasaron ante la superioridad de la Armada española; por esta razón se vieron obligados a conquistar y colonizar los territorios del norte del continente. Sólo a mediados del siglo XVIII y en función de la política internacional, Francia lograría obtener algunos enclaves en el Caribe (Haití, Guyana).

    El resultado fue que se implantaron dos modelos de colonización distintos: en Norteamérica, un modelo basado en el comercio y la segregación de los grupos autóctonos; en la América hispana, un modelo sustentado en las actividades agropecuarias, la minería y el comercio y en el que los elementos indígenas fueron respetados por la Corona.

    La conquista de la América española puede dividirse en cuatro etapas:

    • 1492-1520, colonización de las islas antillanas;

    • 1520-1550, conquista de las zonas más pobladas de los territorios del Perú, México y Centroamérica;

    • 1550-1600, incorporación de extensos territorios del norte de México, el sur del Perú, la vertiente andina del Amazonas, Florida y Filipinas;

    • 1600-1700, colonización de Texas, Nuevo México, las Californias, las zonas altas de Chiapas y Guatemala, el centro de Chile y el sur de la Argentina.

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    Durante la segunda etapa de la conquista, los españoles, comandados por Hernán Cortés, penetraron en México. La ilustración muestra al caudillo hispano en una de sus victorias ante los aztecas.

    Tanto en el caso de Portugal (Brasil), como en el de Francia (Canadá, Louisiana) y Gran Bretaña (actuales Estados Unidos, Canadá), el dominio efectivo, hasta bien entrado el siglo XVIII, se realizó sobre la zona costera del Atlántico, pues la penetración interior comenzó a finales de dicha centuria.

    La conquista de la América española

    El contacto con el Nuevo Mundo se tradujo en una crisis de los esquemas geográficos, religiosos y de identidad de la sociedad europea del siglo XVI.

    La sociedad europea pensaba que la partición geográfica de la Tierra en tres continentes (Europa, Asia y África) correspondía a la naturaleza trinitaria de la divinidad postulada por el cristianismo y a la concepción jerárquica del Universo. Como la Biblia, principal fuente de conocimiento y autoridad, no mencionaba la existencia de las tierras que serían conocidas como América, los europeos se encontraron ante unas poblaciones que no estaban sujetas ni a la jurisdicción del Papa ni a la soberanía de ningún príncipe cristiano, por lo cual los habitantes del nuevo continente podían y debían ser objeto de evangelización.

    En este sentido, se planteó el interrogante sobre el origen y la naturaleza del hombre americano. El asunto estaba relacionado directamente con la justificación teológica la evangelización de la conquista: si se aceptaba el hecho de que los seres encontrados no eran humanos, no se les podía cristianizar, con lo cual se desvanecía el argumento religioso de la conquista; si, por el contario, se aceptaba su humanidad, podían ser civilizados y evangelizados, pero no podían ser esclavizados puesto que el Evangelio proclamaba la igualdad de todos los hombres.

    Esta pugna teológica reflejaba un conflicto de intereses entre la Corona celosa siempre de monopolizar el proceso de conquista, los propios conquistadores, interesados en constituir dominios señoriales y obtener beneficios económicos mediante la explotación de los indígenas, y las órdenes religiosas (franciscanos, agustinos y dominicos), preocupadas por cristianizar a los naturales y defenderlos de los abusos de los soldados.

    Tras un debate celebrado entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas en Valladolid en el que se aceptó la naturaleza humana de los indígenas americanos y que dio lugar al establecimiento de un marco jurídico que garantizaba su no explotación (Leyes de Burgos, 1512), la Corona apoyó la promulgación del Requerimiento, un documento ideado por Juan López de Palacios Rubios que debía ser leído en castellano por los soldados a todos los grupos indígenas que encontraran: en él se les requería para que se convirtieran en súbditos del rey de España y reconocieran la supremacía espiritual del Papa so pena de ser esclavizados.

    De esta suerte, tanto el Requerimiento como las llamadas «bulas alejandrinas» conformaron el marco legal y teológico dentro del cual se desarrolló el proceso de conquista militar.

    El Caribe

    Las islas del mar Caribe tuvieron un doble papel dentro del proceso de exploración y conquista del Nuevo Mundo: por un lado, fueron utilizadas como base de operaciones sobre el continente; por otro, se convirtieron en el laboratorio donde probar los posibles métodos de explotación tanto de los recursos naturales como de la mano de obra indígena.

    El reconocimiento de las islas antillanas, las costas de Brasil y Venezuela y el istmo de Panamá se realizó entre 1493 y 1507. Estas exploraciones, iniciadas en los cuatro viajes de Cristóbal Colón, tuvieron como principal objetivo encontrar el paso entre el océano Atlántico y lo que aún entonces se creía que era el océano Índico.

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    Desde la zona central del actual México hasta la región meridional del continente, los conquistadores españoles se hicieron con el control de América. Numerosos indígenas cayeron en los combates de resistencia.

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    Desde la zona central del actual México hasta la región meridional del continente, los conquistadores españoles se hicieron con el control de América. Numerosos indígenas cayeron en los combates de resistencia.

    La falta de pruebas científicas sobre el hecho de haber llegado a Asia y el maltrato que infligió a los indígenas antillanos fueron las causas que motivaron a los Reyes Católicos a romper el monopolio que habían concedido a Colón sobre el descubrimiento de nuevas tierras. De esta suerte, en los primeros años del siglo XVI los monarcas castellanos autorizaron la realización de diversos viajes de reconocimiento, el primero de los cuales estuvo dirigido por Alonso de Ojeda, Américo Vespucio y Juan de la Cosa (1499). Este último realizó el primer mapa (1500) en el que la costa entre el golfo de Honduras y el extremo oriental de Brasil figuraba ya como una línea continua.

    Entre 1508 y 1509, Juan Ponce de León exploró Puerto Rico, mientras que ese último año se produjo la conquista de Jamaica a cargo de Juan Esquivel. Algo más tarde, Diego Velázquez inició desde La Española la conquista de Cuba y fundó Santiago de Cuba (1511), ciudad que se convertiría en punto de arranque de las expediciones sobre la costa del Caribe mexicano.

    Los primeros años de asentamiento hispano en el Caribe estuvieron marcados por tres procesos:

    • las rencillas entre Colón, los soldados y los representantes de la Corona (Francisco de Bobadilla y Nicolás de Ovando);

    • la puesta en marcha de una economía agropecuaria;

    • la esclavitud de los grupos indígenas, lo cual se tradujo en una grave caída demográfica: en La Española, por ejemplo, el medio millón de indígenas del siglo XIV se había reducido en 1502 a tan sólo 32.000 personas.

    La conquista de Nueva España

    Motivado por las noticias sobre la existencia de un gran reino ubicado al oeste de Cuba, Diego Velázquez patrocinó cinco expediciones para reconocer las costas de Yucatán.

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    Reproducción del mapa que Juan de la Cosa elaboró en 1500. Es el primero que contiene una silueta del litoral americano.

    La primera de ellas (1511-12) naufragó en las cercanías de la península. Algunos años después, Francisco Hernández de Córdoba y Antón de Alaminos (1517) recorrieron el norte de Yucatán y llegaron hasta la ciudad de Champotón. Una tercera expedición, puesta bajo las órdenes de Juan de Grijalva (1518), penetró en el golfo de México y recorrió las costas comprendidas entre los ríos Grijalva y Pánuco. Para entonces, una cuarta expedición, encabezada por Cristóbal de Olid, había ya reconocido las costas de Quintana Roo. Con las informaciones obtenidas, Velázquez organizó una nueva expedición que encomendó a Hernán Cortés. Tras recorrer el golfo de México, Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz (1519).

    A diferencia de los otros territorios ya conquistados, los exploradores se enfrentaron con complejas civilizaciones en las que la guerra desempeñaba un papel importante dentro de su sistema político y su visión del mundo. A principios del siglo XVI la hegemonía política sobre el centro de México correspondía a los mexicas (aztecas), quienes estaban gobernados por Moctezuma II Xocoyotzin.

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    Lámina que ilustra la llegada a Cuba de Diego Velázquez en 1511. Ese mismo año fundó en la isla la ciudad de Santiago de Cuba.

    En un primer momento Cortés fue tomado por Quetzalcóatl, una antigua deidad local, y recibió numerosos presentes que aumentaron su curiosidad por las civilizaciones indígenas, por lo que decidió marchar hasta la capital de los mexicas: la ciudad de México-Tenochtitlan. Tal recorrido permitió a Cortés comprobar el resentimiento que las poblaciones sojuzgadas tenían hacia aquéllos. Uno de los pueblos que había logrado resistir el expansionismo mexica fue el de los tlaxcaltecas; después de entablar una serie de batallas, Cortés logró sellar con ellos una alianza militar.

    Tras permanecer varios meses como huésped de Moctezuma, Cortés hubo de enfrentar una expedición enviada por Diego Velázquez, la cual logró sumar a su propia causa. Durante su ausencia, Pedro de Alvarado aprovechó la congregación de la nobleza local en una ceremonia religiosa para hacerse con el poder (matanza del Templo Mayor). Tal acto desencadenó las acciones militares por parte de los mexicas, que obligaron a los españoles a abandonar Tenochtitlan (Noche Triste) y refugiarse con los tlaxcaltecas. La epidemia de viruela enfermedad desconocida en América que sucedió a estos acontecimientos generó una gran mortandad entre la población local.

    A principios de 1521 Cortés preparó un gran ejército compuesto en su mayoría por antiguos pueblos tributarios de los mexicas y algunas naves y cañones. Tras someter a las poblaciones que vivían en las riberas del valle de México, puso sitio formal a la ciudad de Tenochtitlan, la cual fue rendida por hambre y fuego después de tres meses de asedio (13 de agosto de 1521).

    La muerte de la mayoría de la población, la prisión de Cuauhtémoc, último tlatoani (rey y general-jefe del Ejército entre los aztecas) mexica y la destrucción de la ciudad generaron el derrumbe inmediato del señorío azteca. Durante los meses que duró la reconstrucción de la ciudad, Cortés se trasladó al pueblo de Coyoacán, al tiempo que fue nombrado capitán general, virrey y justicia mayor de Nueva España (1522). Al cabo de poco tiempo, los territorios conquistados adquirirían el título de Virreinato de la Nueva España (1535).

    Nuevas conquistas (1522-1540). Tras la conquista de Tenochtitlan, Cortés organizó distintas expediciones militares. A Cristóbal de Olid le correspondió la conquista del señorío de Michoacán (1522) y de las Hibueras (Honduras) (1524), Pedro de Alvarado se encargó de realizar la conquista de Guatemala (1523-25) y el propio Cortés encabezó una expedición hacia Tampico y otra hacia el istmo de Tehuantepec. De forma independiente, Francisco de Montejo realizó la conquista de la zona norte de la península de Yucatán. Desposeído del cargo virreinal tras su regreso de España (1530), Cortés emprendió nuevas exploraciones que le llevaron a reconocer el litoral comprendido entre Acapulco y Colima, enclaves estratégicos para el posterior desarrollo del comercio con Filipinas, y a descubrir la península de Baja California (1536). La Florida, por su parte, fue recorrida sucesivamente por Juan Ponce de León, Lucas Vázquez de Ayllón, Pánfilo de Narváez y Hernando de Soto; la ciudad de San Agustín no sería fundada hasta 1565.

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    Cuauhtémoc (estatua en su honor en la ciudad de México) fue el último gran caudillo del Imperio azteca. Tras su muerte en 1522, Cortés pasó a dominar todo el territorio.

    La colonización del norte (1550-1600). Al norte de Tenochtitlan existía una región conocida como El Bajío. Estaba habitada por pueblos seminómadas y poseía ricos yacimientos de cobre y plata y suelos muy productivos. Allí se fundaron diversos presidios y reales de minas que al finalizar el siglo XVI se convirtieron en prósperas ciudades (Guanajuato, León, Querétaro, Zacatecas). Éstas, a su vez, pasaron a ser el punto de partida de las expediciones enviadas a las regiones más septentrionales, origen de los reinos de Nueva Vizcaya, Nuevo México y Nuevo León.

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    Hernán Cortés descubrió la Baja California en el curso de una expedición llevada a cabo en 1536. En la imagen, aspecto de la región, con las ruinas de una antigua misión jesuita.

    La Alta California fue explorada a mediados del siglo XVI por Francisco de Ulloa y João Rodrigues Cabrilho y, en los inicios de la centuria siguiente, por Sebastián Vizcaíno. Alonso de León conquistó Texas en 1689, y poco después (1697) la Compañía de Jesús fundó las primeras misiones en California.

    Centroamérica y el descubrimiento del Pacífico

    En 1501, Vasco Núñez de Balboa, Rodrigo de Bastidas y Juan de la Cosa llevaron a cabo las primeras exploraciones en el istmo de Panamá. Aunque Diego de Nicuesa erigió el primer fuerte (1510) en la región, fue Balboa quien realizó la fundación de Santa María la Antigua del Darién y recorrió los pocos kilómetros que lo separaban del océano Pacífico, al que denominó «mar del Sur».

    Esta provincia fue bautizada como Castilla del Oro, y la Corona puso al frente de la misma a Pedrarias Dávila como gobernador plenipotenciario. Dávila realizó la fundación de la villa de Panamá, punto de partida de las expediciones hacia el Perú, Colombia y Venezuela.

    Las regiones colombianas y venezolanas

    Las costas de Venezuela fueron recorridas por vez primera por Colón en su tercer viaje (1498), ocasión en la que el almirante descubrió la desembocadura del Orinoco.

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    Para la exploración y conquista de la costa norte de Sudamérica se eligió como punto de partida Santo Domingo, la principal ciudad de La Española. La fotografía muestra la casa del Almirante, uno de los monumentos relacionados con Cristóbal Colón, descubridor de la isla en su primer viaje, que aún se levantan en la actual capital de la República Dominicana.

    La cercanía de estos territorios con las Antillas fue el factor que explica que la colonización de los mismos se realizara desde Santo Domingo. Tal colonización fue muy temprana y se inició con la fundación de Nueva Cádiz. La explotación del territorio fue cedida temporalmente a los banqueros de la casa Wesler, acreedores de Carlos I, quienes fundaron Coro y Maracaibo y se dedicaron al tráfico de esclavos indígenas y africanos. Tras la reincorporación de estos territorios a la soberanía castellana se fundaron las ciudades de Nueva Segovia, Trujillo y Mérida. Algo más tarde (1567) se fundó Caracas.

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    Fundada en 1567, la capital de Venezuela, Caracas, fue una de las primeras ciudades erigidas en el país por los conquistadores. La ilustración ofrece una vista de su catedral.

    Por lo que respecta a los territorios colombianos, aunque los primeros contactos entre naturales y peninsulares fueron de naturaleza pacífica, el descubrimiento de los yacimientos de oro motivó la realización de diversas expediciones. Correspondió a Gonzalo Jiménez de Quesada realizar la fundación de la ciudad de Santa Fe, sede del reino de Nueva Granada.

    La conquista del Perú

    La primera expedición sobre el Perú corrió a cargo de Pascual de Andagoya (1522); a ésta siguió otra realizada por Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque (1526) bajo la supervisión de Pedrarias Dávila. En un viaje a España, Pizarro obtuvo el monopolio sobre las expediciones de conquista ( Capitulaciones de Toledo) de lo que sería el Virreinato del Perú.

    Al volver a Panamá, Pizarro organizó un pequeño ejército e inició la conquista del actual Ecuador (1531) aprovechando la guerra civil que dividía a la nobleza inca entre los partidarios de Huáscar, sucesor legítimo del trono, y su hermanastro Atahualpa. En su entrevista con Atahualpa de 1532, Pizarro ofreció al inca su apoyo y lo reconoció como legítimo sucesor, aunque asesinó a varios de sus partidarios.

    El conflicto sucesorio terminó con el triunfo de Atahualpa, quien poco después fue apresado por las fuerzas de Pizarro. El inca pagó un fuerte rescate en piezas de oro y plata pero no fue liberado, razón por la que se sintió traicionado y mandó asesinar a Huáscar. Esta acción fue utilizada por Pizarro para condenar a Atahualpa a muerte (1533).

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    El rey inca Atahualpa (arriba) y los conquistadores Francisco Pizarro (centro) y Diego de Almagro (abajo) tuvieron una vinculación directa con el cambio de poder en el área andina. El inca fue derrotado y ejecutado por Pizarro, quien también salió victorioso de la posterior guerra civil contra Almagro.

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    El rey inca Atahualpa (arriba) y los conquistadores Francisco Pizarro (centro) y Diego de Almagro (abajo) tuvieron una vinculación directa con el cambio de poder en el área andina. El inca fue derrotado y ejecutado por Pizarro, quien también salió victorioso de la posterior guerra civil contra Almagro.

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    El rey inca Atahualpa (arriba) y los conquistadores Francisco Pizarro (centro) y Diego de Almagro (abajo) tuvieron una vinculación directa con el cambio de poder en el área andina. El inca fue derrotado y ejecutado por Pizarro, quien también salió victorioso de la posterior guerra civil contra Almagro.

    Aunque las fuerzas de Pizarro tuvieron que enfrentarse momentáneamente con los partidarios de Atahualpa, la continuidad de las pugnas entre la nobleza local les permitió conquistar la ciudad de Cusco –capital del Imperio inca– y algunas regiones costeras; la derrota y posterior ejecución de Manco Inca (1572) significó el final definitivo de la resistencia indígena. El primer enclave español permanente fue la ciudad de los Reyes (1535), llamada posteriormente Lima, la cual se convertiría en la capital de Virreinato del Perú.

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    El primer viaje de circunnavegación de la historia fue iniciado en 1519 por Fernando de Magallanes y culminado tres años más tarde por Juan Sebastián Elcano. Al bordear el Cono Sur del continente americano en busca de una ruta marítima que permitiese proseguir el viaje por el Occidente, la expedición descubrió las tierras de la Patagonia.

    La exploración del Amazonas. Las primeras expediciones sobre el río Amazonas fueron hechas por aventureros españoles desde el Perú. La primacía correspondió a Francisco de Orellana, quien recorrió el río hasta el delta; ello supuso un primer contacto con las riquezas de la selva y sus habitantes. La segunda expedición fue patrocinada por el virrey del Perú, quien encargó su realización a Pedro de Ursúa.

    El cono sur: exploración y asentamientos en Chile y la Argentina

    El reconocimiento del norte del reino de Chile, que pertenecía al Imperio inca, se realizó desde el Perú. Tras una primera expedición infructuosa capitaneada por Diego de Almagro, correspondió a Pedro de Valdivia realizar la fundación de la ciudad de Santiago de Chile (1541), cabecera de las expediciones hacia las regiones sureñas. La resistencia opuesta por los indígenas hizo que la conquista del territorio fuera muy lenta, aunque finalmente se establecieron las ciudades de Valparaíso, Concepción y Valdivia. La exploración del litoral sur de Chile había corrido a cargo de Fernando de Magallanes durante su viaje de circunnavegación.

    El litoral norte de la actual Argentina fue explorado inicialmente por Américo Vespucio (1501). Posteriormente, Fernando de Magallanes descendió hasta la Patagonia y elaboró diversos mapas del litoral.

    A la primera expedición española, comandada en 1516 por Juan Díaz de Solís, le siguió una segunda, emprendida por Sebastián Caboto en 1527. Correspondió a Pedro de Mendoza en 1536 llevar a cabo la primera fundación de Buenos Aires –la cual fue abandonada al poco tiempo por problemas de abastecimiento–, mientras que Juan de Ayolas y Domingo Martínez se internaban en las llanuras argentinas y fundaban la ciudad de Asunción. En la segunda mitad del siglo XVI se conquistó la mayor parte del territorio y se erigieron San Miguel de Tucumán, Villarrica del Espíritu Santo, Santa Fe y Córdoba. En 1580 tuvo lugar la segunda fundación de Buenos Aires, capital desde entonces del Virreinato del Río de la Plata.

    Portugal y las expediciones a Brasil

    Aunque algunas hipótesis señalan que los portugueses tocaron las costas de Brasil en sus exploraciones africanas, lo cierto es que la noticia de la existencia de tales tierras las dio el propio Colón en su tercer viaje. Estas noticias incentivaron las expediciones de Vicente Yáñez Pinzón y Diego de López, quienes recorrieron la costa septentrional de Brasil y reconocieron por vez primera el delta del río Amazonas, así como la de Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio de 1499.

    Al quedar el territorio de Brasil bajo jurisdicción portuguesa según los acuerdos del Tratado de Tordesillas, la Corona lusa patrocinó una primera expedición en 1500 bajo el mando de Pedro Álvares Cabral, a la que siguieron ese mismo año las de Gonçalo Coelho y Andrés Gonçalves; gracias a ellas se establecieron los límites de la costa brasileña.

    A pesar de las riquezas naturales con las que contaba Brasil, los fuertes intereses económicos que la Corona portuguesa mantenía sobre sus colonias africanas y asiáticas relegaron su colonización durante la primera mitad del siglo XVI a un segundo plano. Tal situación motivó que la exploración recayera en iniciativas particulares, como las de João Ramalho, Aleixo Garcia y Martín Alfonso de Sousa, quien descendió hasta el río de la Plata.

    Durante estos años las factorías portuguesas se establecieron en las regiones costeras de Pernambuco y Bahía y sobrevivieron del intercambio de productos locales con los indígenas y de la explotación de maderas preciosas, realizada fundamentalmente por comerciantes flamencos y venecianos.

    En la década de 1530 el monarca Juan III de Portugal (1502-1557) instituyó en Brasil 14 capitanías. Tales áreas fueron adjudicadas a hidalgos y miembros de la baja nobleza, que debían explorarlas y explotarlas económicamente. Las de mayor importancia fueron la de San Vicente, adjudicada a Martim Afonso de Sousa; la de Bahía, dada a Francisco Pereira, y la de Pernambuco, concedida a Duarte Coelho. A mediados del siglo XVI, Tomé Sousa fue nombrado gobernador general de Brasil; éste patrocinó la creación de misiones por parte de la Compañía de Jesús y fundó San Salvador de Bahía en 1548. San Sebastián de Río de Janeiro sería fundada en 1566.

    A partir del siglo XVII se realizó un intenso proceso de colonización interior que culminó con la incorporación de numerosas misiones jesuitas al patrimonio regio y con el encuadramiento de las poblaciones indígenas en las haciendas azucareras.

    La colonización franco-británica en Norteamérica y el Caribe

    La costa del norte de América fue explorada por los vikingos a lo largo del siglo XI, pero como no se realizaron fundaciones estables ni se difundió la noticia de la existencia de dichas tierras, éstas se mantuvieron ignotas hasta el siglo XV. La primera expedición exitosa fue patrocinada por Enrique VII de Inglaterra (1471-1509) y realizada por Giovanni Caboto (1497); en ella se reconocieron las islas de cabo Bretón y Terranova. Sebastiano Caboto, hijo del anterior, organizó una expedición al año siguiente que le llevó a reconocer el litoral comprendido entre la península del Labrador y Florida. Los problemas internos de la monarquía y la falta de recursos económicos hicieron que Inglaterra abandonara temporalmente estas empresas.

    La colonización francesa

    La actitud inglesa fue aprovechada por Francia y Holanda, interesadas en obtener metales preciosos y lesionar los intereses geopolíticos de España y Portugal. El rey francés Francisco I patrocinó dos expediciones. La primera correspondió a Giovanni da Verrazano, quien exploró las costa atlántica desde Nueva York hasta Nueva Escocia en 1524; la segunda fue asignada a Jacques Cartier, quien recorrió el oeste de Terranova, el golfo de San Lorenzo, Nueva Brunswick y la isla del Príncipe Eduardo. Años después, en 1535 el propio Cartier remontaría el río San Lorenzo. El primer asentamiento francés fue Charlesbourg-Royal, situado en el Cap Rouge; sin embargo, en 1543 sería abandonado, y con él los proyectos de colonización en las tierras septentrionales.

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    Las expediciones francesas al continente americano se centraron en la zona norte, en lo que hoy es la región oriental de Canadá. Jacques Cartier (arriba) recorrió Terranova y el golfo de San Lorenzo en el primer cuarto del siglo XVI, pero la fundación de Quebec (abajo), la primera ciudad importante de la zona, no llegaría hasta los inicios de la centuria siguiente.

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    Las expediciones francesas al continente americano se centraron en la zona norte, en lo que hoy es la región oriental de Canadá. Jacques Cartier (arriba) recorrió Terranova y el golfo de San Lorenzo en el primer cuarto del siglo XVI, pero la fundación de Quebec (abajo), la primera ciudad importante de la zona, no llegaría hasta los inicios de la centuria siguiente.

    Tras una serie de expediciones infructuosas sobre Florida llevadas a cabo por Jean Ribault, René de Goulaine de Laudonnière y Dominique de Gourgues, Francia volcó sus esfuerzos de nuevo sobre Norteamérica: Samuel de Champlain recorrió el golfo de San Lorenzo y el río homónimo, fundando en sus riberas la ciudad de Quebec en 1608; al año siguiente descubrió el lago al que dio nombre. Convertido en gobernador de la Nueva Francia en 1612, Champlain exploró el río Ottawa y los lagos Hurón, Ontario y Nipissing. La bahía de Hudson y el lago Michigan serían descubiertos por Louis Joliet y Jacques Marquette en la segunda mitad del siglo XVI, en tanto que el Mississippi sería remontado por vez primera hasta los Grandes Lagos por René Robert Cavalier de la Salle en 1673. Este mismo explorador descubriría la desembocadura de dicho río en el golfo de México (1681-82) y bautizaría a las tierras por él exploradas como «Luisiana» en honor del rey francés Luis XIV.

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    Representación de un grupo de puritanos protestantes, los llamados pilgrim fathers. Fueron los pioneros de la colonización inglesa en Norteamérica; a su llegada a las costas del Nuevo Continente establecieron su residencia en New Plymouth.

    En la primera mitad del siglo XVIII, Pierre Gaultier de Varennes de la Vérendrye realizó diversas expediciones sobre la región occidental de la Nueva Francia para llegar al océano Pacífico. No logró su objetivo, pero, en el transcurso de sus viajes, exploró los lagos Winnipeg, Winnipegosis y Manitoba, así como las Montañas Negras. Vérendrye fundó varios fuertes y factorías comerciales, que le sirvieron para mantener un continuo comercio de pieles con los indios.

    La política francesa de colonización tuvo como rasgo principal la colaboración y el respeto por las culturas autóctonas debido, en parte, a la menor presencia de colonos franceses. En la segunda mitad del siglo XVIII, Francia cedería sus posesiones americanas a España e Inglaterra.

    El Caribe. A mediados del siglo XVI la Corona francesa promovió diversas expediciones sobre la provincia brasileña de Maranhão, aunque los colonos fueron expulsados por los portugueses en 1615. Sólo a finales del siglo XVIII Francia pudo establecer una colonia en Haití, dedicada a la explotación azucarera.

    La colonización inglesa

    Durante la segunda mitad del siglo XVI Inglaterra promovió el proceso de colonización de Norteamérica. Esta política se desarrolló en tres fases sucesivas:

    • La primera tuvo como principal objetivo desestabilizar la presencia española mediante el ataque sistemático de las ciudades portuarias y de las flotas que volvían a Europa: tal misión correspondió a Francis Drake (1540-1596) y John Hawkins (1532-1595). Paralelamente, el propio Hawkins y Martin Frobisher exploraron la costa este de los actuales Estados Unidos e incentivaron el comercio de esclavos africanos.

    • La segunda etapa tuvo como objetivo crear establecimientos permanentes en las costas ya exploradas. Esta tarea correspondió a Humphrey Gilbert y Walter Raleigh, quien fundó Virginia en 1585.

    • La tercera etapa coincidió con el inicio del siglo XVII y una bonanza económica en Inglaterra que llevó al Gobierno a fundar dos compañías colonizadoras: la de Plymouth y la de Londres. Gracias a estas compañías aumentó rápidamente el número de colonos, se introdujo el cultivo de tabaco y se incrementó el comercio de esclavos.

    Los nuevos territorios vieron aumentar paulatinamente su población merced a dos fenómenos que acaecían en la metrópoli: por un lado, el gran número de pobres que salían del país para buscar nuevas oportunidades en el continente americano y, por otro, los conflictos entre protestantes y católicos, que llevaron a los primeros a establecerse en la colonia.

    El grupo protestante más numeroso fue el de los puritanos, quienes se creían elegidos por Dios para crear una nueva sociedad. Los pioneros conocidos como los «padres peregrinos» ( pilgrim fathers) se establecieron en 1620 en New Plymouth conducidos por William Bradford, Miles Standish y William Brester. Poco después, en 1630, llegaron los congregacionistas, quienes se establecieron en Massachussets y desarrollaron la pesca, las actividades comerciales, la vida comunitaria y el sistema democrático como forma de gobierno.

    Por su parte, las colonias de Maryland, Pennsylvania fundada por William Penn, Filadelfia y Georgia nacieron como compensaciones hechas por la Corona británica a particulares. El incremento masivo de inmigrantes a lo largo del siglo XVIII hizo posible que las colonias de Connecticut, Rhode Island, New Hamspire y Nueva York se convirtieran en Nueva Inglaterra.

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    La ciudad de Pennsylvania lleva su nombre en honor a su fundador, el conquistador inglés William Penn. La ilustración le muestra estableciendo negociaciones con indígenas de la zona.

    En la colonización inglesa pueden distinguirse dos modelos diferentes: en la zona norte se asentaron los puritanos, quienes exterminaron a los indígenas y establecieron una economía basada en el comercio; en la región meridional, se implantaron protestantes de tradición señorial menos radicales, los cuales intentaron asimilar a los naturales y desarrollaron una economía agrícola basada en el sistema esclavista y el cultivo y exportación del algodón y el tabaco.

    La colonización holandesa. A comienzos del siglo XVII, Henry Hudson realizó las primeras exploraciones holandesas en América, aunque sería Peter Minuit el encargado de fundar Nueva Amsterdam (Nueva York) en la isla de Manhattan.

    Cronología

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    Exploraciones y conquistas en América durante los siglos XVI y XVII.