La utilidad de la filosofía

Uno de los mitos que rodean el mundo de la filosofía es el referido a su utilidad. ¿Para qué sirve la ciencia del pensamiento? El hecho de que los monarcas, los políticos, los científicos, los matemáticos o los artistas de todas las épocas hayan tratado de acercarse al mundo del pensamiento filosófico, familiarizándose con sus temas elementales y basando en ella gran parte de sus obras, evidencia su relevancia; sin embargo, mientras otras ciencias como la física, la geometría o la aeronáutica poseen unas utilidades evidentes, la filosofía parece no tener una aplicación directa, no servir para nada concreto.

¿Qué utilidad hay en saber que el hombre es racional? ¿Para qué sirve conocer las condiciones de posibilidad del conocimiento kantianas? Del estudio de la naturaleza humana o de las esencias de lo real no parece derivarse un mundo mejor o una gran riqueza, al menos no de una manera inmediata. Por otro lado, nadie, o casi nadie, se ha enriquecido pensando en la existencia; bien al contrario, el filósofo se presenta como un sujeto que sobrevive gracias al desarrollo de una actividad profesional paralela a la filosófica, como puede ser la docencia.

Tampoco deja de ser curioso que haya algunos pensadores que sean los primeros en insistir en esta pretendida inutilidad del pensar. Aunque resulta muy llamativo que lo hagan como si en ello hubiese algo de bueno, como si en la hipotética inutilidad de la filosofía se pudiese encontrar alguna clase de orgullo, algún tipo de valor especial que conviene analizar.

Ahora bien, nada de esto es tan evidente como pueda parecer. Como en todos los temas que atañen a la filosofía, primero es necesario saber qué es lo que se entiende por útil, en qué sentido se habla de inutilidad.

Es probable que el pensamiento puro no haga rico a nadie, pero es un hecho que el hombre no puede vivir sin plantearse el sentido de las cosas y el de su existencia. La filosofía, comprendida como la ciencia que se dedica al planteamiento de las preguntas correctas acerca de la vida, debe tener algún valor, alguna utilidad extraordinaria.

Qué es la utilidad

Antes de detenerse en el estudio de cuáles pueden ser las utilidades específicas o reconocibles en la labor filosófica, primero es necesario esclarecer qué es la utilidad, en qué sentidos se puede hablar de ella y cuál de estos significados es el que mejor se adapta a la naturaleza del pensamiento especulativo.

El sentido vulgar de la utilidad

En su sentido vulgar, se entiende por útil cualquier objeto o hecho que sirve para satisfacer una necesidad concreta. En la actualidad, dichas necesidades son entendidas en términos materialistas o prácticos (pragmatismo materialista) ya que gran parte de la realidad humana se basa en la búsqueda de objetos útiles, de elementos que hagan más placentero o sencillo vivir. En este sentido, el cual olvida otros fines no materiales como los valores éticos que conforman la naturaleza humana, la filosofía es completamente inútil, puesto que no sirve para adquirir bienes ni para enriquecerse.

Tabla 1. Sentidos vulgar y esencial de la utilidad. En el vulgar, lo útil se detiene en los objetos materiales, en el placer inmediato; en el esencial, lo útil sólo es un medio para alcanzar una verdad superior, un beneficio no material, sino vital.

En esta concepción vulgar u ordinaria de la utilidad hay una importante pérdida de sentido. Se olvida que la utilidad real o esencial de las cosas no se detiene en los objetos materiales, sino que busca siempre más allá de ellos. Contentarse con la posesión de cosas prácticas para ser más rico o para alcanzar una posición privilegiada dentro de la sociedad conlleva hacer de la posesión de objetos materiales un fin en sí mismo, y no un medio, que es su auténtico sentido.

En definitiva, la utilidad entendida en su sentido vulgar se basa en una comprensión errónea de la función de los objetos materiales. En su sentido real, éstos tienen como único fin verdadero el servir como medio para alcanzar un objeto de mayor valor, unas realidades inmateriales que son en último término las que hacen realmente feliz al ser humano.

Sentido esencial de la utilidad

A lo largo de la historia de la filosofía se ha tratado con mucha frecuencia la cuestión de la utilidad. Ya los griegos hablaban de los medios útiles para alcanzar la felicidad, aunque fue principalmente a partir del siglo xvii cuando se plantearon las teorías que mejor se adaptarían al mundo contemporáneo.

Según Thomas Hobbes (1588-1679), útil es lo que satisface al ser humano o lo que atiende a sus intereses personales. Para el pensador inglés, la utilidad es por tanto de un fenómeno egoísta, ya que busca la satisfacción de las expectativas de una persona concreta. Ahora bien, si el hombre es considerado desde su naturaleza, dice Hobbes, lo que es útil para uno debe serlo para los demás, puesto que todos los seres humanos comparten la misma naturaleza. De esta forma, lo que nace como un acto egoísta se termina convirtiendo en una realidad comunitaria y social.

Esto lo remarcó posteriormente Baruch Spinoza (1632-1677), para quien el hombre en tanto que ser racional busca aquello que es razonable para su desarrollo, lo que implica que lo útil es lo que hace que el hombre se reafirme en lo que es, haciendo uso de objetos o acciones que lo vuelven más fuerte. En este sentido, la utilidad vulgar es una falsa forma de utilidad, ya que lejos de hacer al hombre más fuerte o feliz, lo conduce a la debilidad. La posesión indiscriminada de objetos materiales aparentemente útiles hacen que el ser humano sea cada vez más débil porque lo atan, le restan libertad y limitan su manera de entender el mundo. Al igual que Hobbes, Spinoza llegó a afirmar que en el egoísmo que subyace en la utilidad hay en realidad un humanismo o un socialismo, puesto que si el hombre busca provecho en aquello que es acorde con su forma de ser, con su condición de ser racional y social, también busca lo mejor para la sociedad y para el prójimo.

Por tanto, como ser racional, el hombre encuentra utilidad en aquello que le hace más fuerte o más feliz en tanto que ser racional. Ahora bien, considerado como un ser social, como persona que necesita de los demás, el hombre también entiende por útil todo lo que favorece su relación con otros individuos, lo que hace en definitiva más fuerte a la comunidad.

En resumen, se puede decir que la utilidad mal entendida o vulgarizada busca en los objetos materiales un fin en sí mismo, un valor que reside en la posesión del objeto mismo y no en su capacidad para hacer que el hombre sea realmente más feliz o más sabio. Desde un punto de vista filosófico, lo útil es todo aquello que hace que el hombre sea más racional o más social; es el objeto o la acción que reafirma al hombre en su naturaleza, que lo hacen ser más hombre.

Para qué sirve la filosofía

La utilidad de la filosofía se mueve en un ámbito completamente distinto al de las ciencias o los objetos materiales. Las matemáticas poseen una aplicación inmediata y clara, una utilidad evidente, que es la de calcular, medir o estructurar aspectos de la realidad con el fin de hacer el mundo más manejable, más dócil para el ser humano. Los objetos materiales por su parte se caracterizan porque también poseen una utilidad inmediata y evidente, como puede ser adquirir bienes, construir edificios o sentarse. Sin embargo, la utilidad de la filosofía es diametralmente distinta, y se caracteriza por el hecho de que se encuentra en el origen y en el final de todas las actividades humanas, ya que se sitúa en los fundamentos de la forma de ser del hombre.

La actividad filosófica posee por sí misma una utilidad esencial, que es la de fomentar, acentuar y remarcar la naturaleza humana; la de dotar de sentido a su existencia, la de mostrar caminos, la de ayudar a plantear las preguntas correctas acerca de la vida, la de hacer al hombre más sabio. Evidentemente, este tipo de utilidad no posee un efecto inmediato, de tal modo que es difícil de apreciar.

La concepción esencial de la utilidad define ésta a partir de la idea que se tenga del hombre. En líneas generales, útil es lo que reafirma al ser humano en su esencia, en su ser.

Por otra parte, la manera en la que se define la utilidad de la filosofía es compleja y ambigua, puesto que viene determinada por la concepción que se tenga del hombre. Así, se mantiene generalmente que útil es lo que reafirma al ser humano en su manera de ser, pero no hay que olvidar que cada época o cada corriente filosófica concibe de distinta manera cuál es esa manera de ser. Por ejemplo, si se piensa que el hombre es ante todo racionalidad, lo útil será todo aquello que fortalezca su razón; pero si se considera que el hombre es un ser que depende de Dios, que no tiene otro fin que el de volver a su presencia, lo útil será todo aquello que lo acerque a la divinidad. Igualmente, para un humanista, la filosofía será útil en la medida en que fortalezca los lazos afectivos entre los hombres; para los pensadores irracionalistas o antimetafísicos, pensamiento especulativo serviría para demostrar la propia inutilidad de la filosofía, el pensamiento y la razón. En definitiva, la filosofía desempeñará una utilidad determinada dependiendo de cómo sea concebido el hombre, variando su definición con el paso del tiempo.

La filosofía y el ser racional

A partir del nacimiento de la filosofía en Grecia surgió un nuevo concepto de hombre, que se basó de manera fundamental en la asunción de su naturaleza racional y social. En el seno de esta caracterización, la filosofía fue entendida como la disciplina más propia del ser humano, puesto que, si éste es sobre todo un ser racional, la actividad más adecuada para su desarrollo pleno es el empleo de sus facultades intelectuales, el amor por el saber, la filosofía.

Así pues, la primera utilidad que los pensadores otorgaron a la filosofía se basaba en la consideración de su naturaleza y su perfección. Para los griegos, el cultivo del pensamiento hacía mejor al hombre, más feliz, ya que lo acercaban a su naturaleza, que es pensar. En este sentido, se puede afirmar que la filosofía es útil para que el hombre actúe como hombre, para que dote de sentido a su existencia y se acerque a las ideas.

La meditación de Demócrito, de Salvador Rosa. La utilidad de la actividad filosófica no es fácil de apreciar. Mientras la utilidad vulgar es inmediata, la del pensamiento se traduce en una forma de entender la vida y de actuar, en una manera especial de enfrentarse a la existencia.

Por ejemplo, para Platón, el lugar al que realmente pertenece el hombre es el mundo de las ideas, la realidad en la que todo es pensamiento; por lo que en el mundo de los sentidos, en el mundo de las apariencias, lo mejor que puede hacer el individuo para recuperar su esencia es filosofar, puesto que la filosofía sirve para recordar, para acercarse de nuevo al mundo de las ideas. Es decir, la filosofía en Platón es una forma de penitencia, de redescubrimiento de la naturaleza humana gracias a la anamnesis, al recuerdo de las ideas; aunque también es una forma de didáctica, ya que el pensamiento enseña al ser humano a ser más hombre.

Aristóteles, por su parte, en el primer libro de su Metafísica, distingue claramente entre los distintos tipos de saber y otorga al filosófico el nivel más alto ya que considera a la filosofía como la única ciencia «para sí misma», ya que las demás están sujetas a sus aplicaciones prácticas. Aristóteles considera pues que el filósofo debe partir de los conocimientos científicos para, a través del pensamiento especulativo, adentrarse en el camino de la sabiduría.

La filosofía y Dios

A lo largo de la Edad Media, la filosofía no olvidó esta caracterización racional del hombre. Se siguieron acentuando sus facultades intelectuales, aunque bajo la omnipresencia de Dios. De esta manera, pensar era bueno, pero siempre y cuando el pensamiento apuntase en último término a los dogmas divinos.

En consecuencia, la filosofía siguió teniendo una función similar a la que tuvo en Grecia, ya que se seguía entendiendo que gracias ella el ser humano potenciaba sus facultades naturales, las intelectuales, que le permitían comportarse como le correspondía a su ser. Ahora bien, todo esto quedó matizado por la nueva idea elemental que subordinaba la filosofía a la religión. El saber ayuda sobre todo a encontrar a Dios, pero en último término es la fe la que define al hombre en tanto que tal. Así, en la Edad Media, la filosofía era entendida como una ciencia útil siempre que estuviese al servicio de la religión, como se puede observar en la obra de santo Tomás de Aquino (1224-1274), para quien las teorías aristotélicas debían coincidir con los dogmas de la religión católica.

La filosofía y la ciencia

Con la llegada del paradigma moderno, el hombre pasó de prestar atención a los dioses a centrarse en el mundo en el que vivía, lo que trajo como consecuencia inmediata el desarrollo de una ciencia independiente, autónoma. La física se atrevió a describir el movimiento de los objetos al margen de los designios de Dios; la astronomía habló del mundo como si se tratase de un planeta más. Así, la razón dejó de servir a las religiones y a sus fines y pasó a centrarse en sí misma como facultad poderosa, capaz de entender sola, sin ninguna clase de apoyo, la totalidad del mundo.

En este contexto, la utilidad de la filosofía se volvió más humana ya que el «amor al saber» implicaba amor al hombre, a su racionalidad y a su mundo. La filosofía se pudo dedicar entonces a estudiar las facultades del ser humano con el fin de legitimar el comportamiento de las ciencias particulares: la física, la astronomía o las matemáticas. Éstas tuvieron un importante desarrollo en este periodo, aunque, desde el punto de vista de filósofos y teólogos, no justificaban por sí mismas su labor al estar volcadas sobre el mundo externo; no atendían a sus propios principios sino que, sencillamente, actuaban.

Por otra parte, las ciencias particulares de los siglos xvi, xvii y xviii emplearon la filosofía como justificación de su labor. El francés René Descartes (1596-1650), por ejemplo, hizo depender la física de los principios elementales de su pensamiento mientras que posteriormente, el alemán Immanuel Kant (1724-1804) estudió la manera en la que funcionaba el intelecto con relación el mundo, decidiendo qué era lo legal y lo ilegal desde el punto de vista de la filosofía, qué era válido científicamente y qué era inválido.

En conclusión se puede afirmar que la filosofía también tiene una utilidad como forma de explicar el funcionamiento de las ciencias y cuáles son límites que no deben sobrepasar. El pensamiento especulativo y puro es como una especie de tronco, del que salen las distintas ramas del saber, las distintas ciencias.

La filosofía y el comportamiento humano

Ahora bien, la filosofía no sólo sirve para sustentar el saber científico sino que también conforma la base de la ética. Alcanzar la verdad no es un sencillo juego intelectual, no se limita a describir cómo es la realidad o cómo es el mundo. Del conocimiento de las grandes verdades se derivan otras que para numerosos pensadores son mucho más importantes para el hombre: cómo se debe comportar, qué es lo bueno y qué es lo malo. Así, para el alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), la filosofía no es otra cosa que ética. Detrás de cada verdad, detrás de cada estudio de lo real, en realidad se esconde una moral, unas instrucciones acerca de cómo debe actuar el hombre.

La ética que se sigue de la filosofía encuentra su fundamento en las primeras verdades. Es decir, es habitual que los grandes pensadores describan primero cómo es la realidad, cuáles son las leyes fundamentales que rigen el mundo humano, para después, de esas mismas leyes, derivar el comportamiento adecuado. Un buen ejemplo son la ontología (ciencia de la realidad, de lo que hay) y la ética de Platón. Para el pensador ateniense la realidad se divide en dos planos, un mundo de las ideas y un mundo de las apariencias. En el mundo de las ideas se encuentra el bien, la perfección; mientras que en el mundo de las apariencias se halla el error, el mal. El hombre tiene dentro de sí una división similar: de un lado se encuentran los instintos, el cuerpo; del otro el pensamiento y las ideas. La ética que se sigue de esta ontología dice que el hombre debe actuar siempre movido por las ideas, por la razón, luchando contra el cuerpo y los instintos. Es decir: la ética de Platón lleva la lucha que describe en su ontología, en la realidad, al interior del hombre, derivando de esta lucha su comportamiento.

La filosofía y la sociedad

Por último, la filosofía siempre ha servido para dotar de sentido y orden a las manifestaciones sociales y políticas. Todas las civilizaciones humanas han basado su funcionamiento en unas ideas o principios básicos de orden filosófico; si de las descripciones filosóficas de la realidad se ha derivado siempre un comportamiento ideal para el ser humano, es evidente que de esta ética se ha derivado siempre una sociología, una descripción de cómo deben comportarse los hombres en sociedad.

Un buen ejemplo es la obra del pensador Thomas Hobbes. En el pensamiento de Hobbes hay primeramente una descripción de cómo es el mundo; a continuación una descripción de cómo es el hombre, de una ética; y finalmente hay una sociología política, en la que se describe cómo deben ser las sociedades para que el hombre sea feliz.

Su pensamiento ha sido a menudo reducido, o si se prefiere resumido, a una frase: «el hombre es un lobo para el hombre» (homo homini lupus). El pensador inglés mantenía con dicha sentencia que el hombre, por naturaleza, es un ser que se enfrenta a los otros hombres para conquistar su felicidad, para poseer bienes materiales. En consecuencia, la única manera de hacer que los seres humanos vivan en sociedad es crear el estado, una forma de organización política que controle todos sus movimientos, que incluya la idea de culpa, de castigo, que regule con fortaleza cada uno de los aspectos éticos de la existencia. En consecuencia, para Hobbes la filosofía sirve para ordenar una sociedad que de otra forma caería bajo los impulsos primarios del hombre.

El coloso, de Francisco de Goya y Lucientes, metáfora de la discordia entre los hombres. Para Thomas Hobbes, la filosofía y la ética debían sentar las bases sociales que limitasen la natural agresividad y egoísmo del ser humano.

Así, a lo largo de los siglos xvi y xvii se desarrollaron un gran número de obras filosóficas destinadas a imaginar una sociedad ideal, un mundo perfecto ordenado en virtud de la naturaleza del hombre. Este tipo de proyectos encontraron en la obra de Tomás Moro (1477-1535) y más concretamente en su libro Utopía el más perfecto ejemplo.

En definitiva, se puede afirmar que la utilidad de la filosofía se basa en su función fundamentadora. El pensamiento especulativo asienta las bases para el desarrollo de la vida humana, le da sentido a su mundo, a cada una de sus actividades, indicando de dónde parten, cómo deben ser y hacia dónde conducen. Se puede decir que casi detrás de toda actividad humana se puede encontrar una filosofía, una pregunta radical por los fundamentos y el sentido. Así, además de las actividades y los aspectos ya descritos, también se puede encontrar el fundamento de la filosofía detrás del arte, detrás del cine o incluso del sexo. La filosofía, en tanto que expresión de la esencia humana, no puede sino aparecer detrás de cada manifestación de la forma de ser del hombre.

Análisis de textos

Bertrand Russell: –Fundamentos de la filosofía

Pero no se puede decir que la filosofía haya tenido éxito en su intento de dar respuestas definitivas a sus problemas. Si preguntamos a un matemático, a un mineralogista, a un historiador o a cualquier otro científico qué cuerpo de verdades bien definido ha establecido su ciencia, su respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escucharle. Pero si le hiciéramos esa misma pregunta a un filósofo, tendría que confesar, si fuera sincero, que la filosofía no ha alcanzado resultados positivos tal y como lo han hecho las otras ciencias. Es cierto que esto se explica, en parte, por el hecho de que, cuando se adquiere un conocimiento preciso sobre aquello que se dice respecto a un asunto determinado, éste deja de ser llamado filosofía y pasa a ser una ciencia. Todo el estudio de los cuerpos celestes, que hoy en día se engloba dentro de la astronomía, en otro tiempo se incluía en la filosofía; la obra más importante de Newton se titula Principios matemáticos de la filosofía natural. De igual manera, el estudio de la mente humana, que era una parte de la filosofía, está hoy separado de ésta y se ha convertido en la ciencia de la psicología. Así, en gran medida, la incertidumbre de la filosofía es más aparente que real; aquellas cuestiones para las cuales ya hay respuesta definitiva se sitúan en el terreno de las ciencias mientras que aquellas que todavía carecen de respuesta exacta, constituyen ese residuo llamado filosofía.

En fin, para resumir la cuestión sobre el valor de la filosofía, ésta debe ser estudiada no en virtud de las respuestas definitivas a sus preguntas, teniendo en cuenta que ninguna respuesta definitiva puede, por regla general, ser conocida como verdadera, sino en virtud de sus propias preguntas; tales cuestiones engrandecen nuestra concepción de lo que es posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen nuestra arrogancia dogmática que impide la especulación mental…

Texto 1. La utilidad de la filosofía según Bertrand Russell.

Aristóteles: –Metafísica

Es, pues, evidente que no la buscamos [la filosofía] por ninguna otra utilidad, sino que, así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a la filosofía como la única ciencia libre, pues ésta sola es para sí misma. Por eso también su posición podría, en justicia, ser considerada impropia del hombre, pues la naturaleza humana es esclava en muchos aspectos. De suerte que, según Simónides, «sólo un dios puede tener este principio» [el de tener sabiduría], aunque es indigno de un varón no buscar la ciencia a él proporcionada.

Texto 2. La utilidad de la filosofía en relación con la naturaleza humana según Aristóteles.

Santo Tomás de Aquino: –Comentario al Libro de Boecio sobre la Trinidad

Así, existen dos teologías o ciencias divinas: en una, las cosas divinas no son las materias de la ciencia sino los comienzos de las mismas; ésta es la teología que persiguen los filósofos y que también se llama metafísica. En la otra, las cosas divinas son consideradas en sí mismas como materias de la ciencia; esta teología es la que nos enseñan las Sagradas Escrituras. Ambas versan sobre cosas que existen separadas de la materia y el cambio, pero [lo hacen] de dos maneras diferentes que se corresponden a dos sentidos diferentes en que algo puede existir separado de la materia y el cambio. En un sentido, las cosas existen así separadas de eso; por definición no pueden existir en la materia y el cambio; éste es el sentido en que Dios y los ángeles se dicen existir separados de la materia y el cambio. En el otro sentido, las cosas por definición no necesitan existir en la materia y el cambio, pueden existir separadas de ellos…; éste es el sentido en que el ser y la sustancia, la potencialidad y la actualidad, existen separados de la materia y el cambio; no dependen de [ellos] para su existencia como lo hacen los objetos matemáticos, los cuales pueden existir solamente dentro de la materia...

La teología filosófica [o metafísica] toma como sus materias a las cosas separadas en este segundo sentido y trata las cosas separadas en el primer sentido como comienzos de sus materias. Sin embargo, la teología de las Sagradas Escrituras toma como sus materias las cosas separadas en un primer sentido, aunque también trata de ciertas cosas cambiantes que existen dentro de la materia en tanto lo requiere la revelación de las cosas divinas.

Texto 3. La filosofía como parte de la teología según santo Tomás de Aquino.

René Descartes: –Principios de la filosofía

La palabra filosofía significa el estudio de la sabiduría y (...) por sabiduría no sólo se entiende la astucia habitual, sino un saber completo sobre todas las cosas que el hombre puede conocer, tanto con vistas a obtener una orientación para su vida, como para conservar su salud y descubrir todas las artes.

Texto 4. La filosofía como base de la ciencia en el pensamiento de René Descartes.

Immanuel Kant: –Lógica

[La filosofía] es la ciencia de la relación de todo conocimiento y todo ejercicio de la razón con el fin último de la razón humana, fin al que, en cuanto supremos, están subordinados los demás fines y en el cual todos deben ser unificados.

Texto 4. La filosofía como base de la ciencia en el pensamiento de Immanuel Kant.